6.—Con guías y taladores, que proporcionó el cacique de Poncha, penetraron los castellanos en las tenebrosas espesuras tropicales y cruzando, con increíbles fatigas y penurias, escarpados cerros, híerbosas ciénagas, grandes ríos, sobre los que echaron puentes de entrelazadas y grandes vigas; realizando, en fin, una expedición que aun hoy sería hazañosa y dificilísima, llegaron á la región ocupada por la tribu de Cuarecua, cuyo lascivo y abyecto jefe recibió á los expedicionarios en actitud hostil. Atacóle Vasco Núñez con fiereza, destrozando á los guerreros Cuarecuanos, poniéndoles en desordenada fuga llegando hasta sus chozas y "echándoles allí los perros, que destrozaron unos cuarenta, para castigar sus nefandos vicios".
Fig. 422.—Parte de Sud América en la edición de Ptolomeo (1522).
Dejando en Cuarecua, ya subyugada, muchos de sus compañeros que, no acostumbrados aún á tantos trabajos y hambre, habían caído enfermos, tomó Vasco Núñez nuevos guías y se encaminó á las cumbres de las montañas. Por fin, el 25 de Septiembre del 1513 los guías Cuarecuanos mostraron á Balboa unas altas cumbres desde las cuales se podía ver el otro mar. "Las miró Vasco atentamente, dice el cronista Pedro Mártyr, mandó parar la tropa, fué delante él solo, y ocupó el vértice primero que ninguno. Postrándose en tierra, hincado de rodillas, y alzando al cielo las manos, saludó al mar Austral (Océano Pacífico)... y dió infinitas gracias á Dios y á todos los santos del cielo que le habían guardado la palma de una empresa tan grande..."
Fig. 423.—Patagón (Estampa del siglo xvi).
En señal de posesión erigieron los descubridores por aras unos montones de piedras y empezaron á descender las montañas. Salióles al encuentro con sus guerreros el cacique de Chiapes[579]. Cayeron sobre ellos los españoles "saludándoles con las escopetas y la jauría de alanos", los atemorizaron, trabaron después con su cacique buena amistad y, guiados por él mismo, descendieron de las cimas de las montañas hasta la anhelada costa, adjudicando al imperio castellano, delante de testigos y de los escribanos reales, "todo aquel mar y todas las tierras adyacentes á él". Con nueve rudas canoas (culchas) facilitadas por los Chiapeños, lanzóse á explorar la Ensenada de San Miguel. Poco le faltó para ahogarse, pues tan pronto como se lanzaron á alta mar, "se vieron embestidos de tal lucha de las olas que no sabían á dónde dirigirse ni parar". Refugiáronse en una isla próxima que casi cubrió durante la noche el flujo del mar. Cuando al amanecer quedó la isla en seco por el reflujo, repararon como pudieron las destrozadas culchas y regresaron á la costa medio muertos de hambre y de sed. Después de penetrar Balboa en los territorios del cacique Tumaco, que obsequió á los conquistadores con 600 pesos de oro y gran cantidad de perlas, deseoso de dar cuenta de su gran descubrimiento, resolvió volver al Darien. Emprendió el viaje de vuelta por tierras de varios caciques (Tecocha, Pacra, Tubanamá, etc.), cuyas tribus dominó de grado ó por fuerza, y después de varios meses de hambres, fatigas, luchas é increíbles trabajos, llegó al Darien (Enero 19, 1514) ufano de su heróica empresa y descubrimiento, sin haber perdido, peleando, un solo hombre, y cargados de un rico botín. Por cartas de Pasamonte y del mismo Vasco Núñez supo el rey Católico la hazaña de su caudillo, le admitió nuevamente á su gracia nombrándole en carta á Pedrarias (Sept. 27, 1514) Adelantado de la región de la costa que tan felizmente había conseguido subyugar[580].
Pedrarias de Avila.
7.—Antes de emprender Balboa su expedición al Pacífico, la corte española, conocedora de los luctuosos sucesos del Darien (Antigua), resolvió enviar un jefe que le quitara el mando que se había arrogado sin mandato real. Fué elegido para el cargo el implacable veterano Pedro Arias de Avila (Pedrarias), protegido de Fonseca y tenido por valeroso y firme. Alistáronse con Pedrarias, llamado «el justador» 1.200 soldados aguerridos de las campañas de Gonzalo de Córdoba, siendo tal el entusiasmo por la empresa, que tuvo necesidad Pedrarias de negar embarque á más de dos mil voluntarios que, aun á su propia costa, querían partir. Acompañaban á Pedrarias su esposa la denodada D.ª Isabel de Bobadilla, de gran privanza en la corte, Diego de Almagro, Hernando de Soto, Benalcázar, etc., más tarde con Pizarro conquistadores del Perú. Era escribano general y veedor de la expedición y la colonia el cronista González de Oviedo, iba como Alcalde el licenciado Espinosa, y el bachiller Enciso como Alguacil Mayor. La llegada al Darien de tan numeroso contingente (Julio, 1514), convirtió la miserable y turbulenta colonia de la Antigua en villa importante. Se edificaron nuevas residencias oficiales y se levantó una iglesia catedral que consagró D. Juan de Quevedo, Obispo nombrado para Castilla del Oro y el Darien.