[16] El sabio Agassiz ha constatado huellas de los fenómenos glaciales en los valles del Amazonas y en el Río de la Plata, y opina se extendieron á todo el continente (Voyage au Bresil.—París 1869-pág. 428). Comp. Ameghino. Ant. Hombre en el Plata-T. II.º Cap. 10, 11, 14.—El límite de la moraina en los Estados Unidos puede indicarse por una línea que, partiendo de Nueva York, cruce el lado Eirie y continue hacia el Oeste y Sur del Misouri, para confundirse luego con la frontera Canadiense. Marca esta moraina terminal el límite de la invasión glacial en el segundo período—Véase I. Geikie—The Great Ice Age, etc., p. 416.—Dodge's. Advanced Geography—pág. 63 y 95. Haynes. Prehist. Arch. of. N. A. en Windsor. Narr. & Crit. Hist. of. Am. p. 332-333. Notas 1 y 2.
[17] Canchales, morainas, cantos perchados, bloques erráticos, y en especial el espeso estrato aluvial de limo y arena fina que los geólogos llaman «loess» y caracteriza la primera invasión glacial.—Véase Haynes. op. cit. Geikie, íd. Bonney-Ice work, Past & Present pág. 27 y sig. (New-York.—1890). New. Intn. Cyclopedia. "Geology"-"Glacial period"-"Glaciers"-Vol. VIII-pág. 242-402-403.
[18] La célebre é ingeniosa hipótesis de Croll, basada en las variaciones seculares de la excentricidad de la órbita terrestre (James Croll. Climate & Times, etc. Edinburgh 1885), no está comprobada científicamente, (véase Wright's-Ice Age in North América. pp. 405-505 y 585-95-Edición 1889).
[19] Fiske (Excursions of an Evolutionist pág. 57-66 y Discovery of America. pág. 7 y sigs.) T. 1.º y Keane, (Etnology p. 56, Cap. IV) al aceptar sin beneficio de inventario la hipótesis de Croll, hacen durar 300 ó 400.000 años las épocas glaciales que, según sin probar afirman, empezaron en el período plioceno de la edad terciaria. Pecan tales afirmaciones de gratuitas. La ciencia moderna tiende á colocar las invasiones glaciales (Véase Haynes en Windsor N. & C. H. of América, pág. 332 y siguientes) en los últimos períodos de la edad cuaternaria, (Hand-Book of Am. Indians. Part. I. Bull. 30 Bur. of Am. Etnology-pp. 60 y 96. Washington 1907) y á sustituir el elemento cataclísmico de "fuerza" (Howarth-Mammoth & the Flood), al elemento "tiempo" y á la uniformidad gradual preconizada por Lyell. (Geological Evidences of the Antiquity of Man. 4 Ed. London 1873.) Véase Winsor op. cit. Tomo I. págs. 332-33-82-86-87.
[20] En el hemisferio Sur, los glaciales Patagónicos se extendieron hasta las costas Argentinas y la Nueva Zelandia quedó cubierta de hielo. No se ha comprobado, sin embargo, con absoluta certeza el sincronismo del período glacial del hemisferio Sur, con el del hemisferio Norte. Véase New Intn. Cyclopedia Vol. VIII-pág. 402—Darwin Geol. Obs. in S. América pág. 21 y sig.—Ameghino op. cit. Tomo I.º, etc., etc.
[21] El conocimiento de la naturaleza de esta progresión, hace posible por el estudio de los fósiles de un estrato dado, averiguar la fase evolutiva de la vida (posición filogénica) en que existieron y asignar edad al estrato en que se encuentren. La palabra edad no indica aquí número de años, sino período evolutivo de vida. Véase Zittel-Eastman, Text Book of Paleontology (London 1900) pág. 28-71. Nicholson & Lydekker Manual of Paleontology pág 9-23 (London 1889), comp. Dana Man. of. Geolg. pág. 14 y sigts. 4.ª edición (N-S-1895).
[22] Las pretendidas evidencias del hombre terciario en América aducidas por algunos investigadores, no pueden en manera alguna aceptarse como científicas. Ni el célebre cráneo fósil de "Calaveras County" mantenido como terciario por Whitney, Fiske, etc., ni los hallazgos de Lyell, ni el "hombre Natchez" desenterrado por Dowler, en el delta del Missisipí, ni el llamado Lansig man tienen la antigüedad que algunos arqueólogos ansiosos de notoriedad han querido atribuirles. La existencia del hombre terciario en América debe rechazarse por improbada y acaso por improbable. Véase Bancroft Native Races T. IV. pág. 44 y sig. Haynes en Winsor's Nve. & Crit. Hry. of América. Tomo I. p. 375 y siguientes, etc., y Conse. en especial Handbook of Am. Indians Part. I. (Bull. 30 Bureau of Am. Etgy.) Páginas 59-74-188-759, etc.
[23] Véase Winsor Nan & Crit. Hist. of América. Vol. I. p. 332. Nadaillac. Les Premiers Hommes. I. p. 54 y sig. y L'Amerique Prehistque. p. 15 y sig. Keane. Etnology Cap. IV. p. 52 y sig., y en especial Foster Prehist. Rces. of the U. S. p. 21, y cuadro pág. 80. Comp. Lydekker (Geogcal. Hist. of Mammals) que llama á Sud América, la "región neogeica" considerándola como area de dispersión y evolución en los períodos Miocenos de muchas formas animales primitivas ó generalizadas en el sentido biológico.
[24] La causa de la extinción de estos animales gigantescos, no se ha podido explicar aún, dice Lydekker (op. cit. pág. 221) satisfactoriamente.—Howorth (Mammoth & the Flood. p. 307-444) conforme con la tradición bíblica, (Vigouroux. Les Libres Saints etc. 2 Ed. Tomo III. cap. IV y VII) da por causa de tal desaparición, el Diluvio del Génesis (Gén. cap. VI y VII). Keane (Compendium of Geog. Central & S. América Vol. I. pág. 29), se inclina á la caprichosa solución de Church y atribuye la rápida extinción de dichas faunas al avance del "mar pampeano" y al descenso de los montes del Brasil, hipótesis que á más de no estar comprobada científicamente, en el mejor de los casos no explicaría la desaparición de las faunas de Norte América. (Véase Foster op. cit. p. 21 y sig.)
[25] Véase Guide to the Antiquities of Stone Age British Museum y comp. con Gde. to Fossil Mammals & Birds, y Reptiles & Fishes (British Mus.) con los valiosos trabajos de Moreno, Lydekker, etc. Paleontología Argentina (Anales Museo de la Plata ptes. I-V) y con Ameghino (Ant. Hombre en el Plata. Tomos I y II) y Burmeister (Phisikalische Beschseivuns der Argentinischen Rep. pág. 23 y siguientes).