Solo podía adquirirlo en los mencionados ritos iniciatorios, á los que generalmente concurría toda la tribu, ó por especial habilidad en la caza y la guerra. Como se suponía mágicamente enlazado con las divinidades tutelares, no se usaba nunca en las relaciones con los extranjeros. El nombre, en suma, era una verdadera propiedad que podía perderse por deshonra, enfermedad ó desgracia, cambiarse por motivos especiales y hasta enajenarse ó darse en prenda. El indio, una vez declarado adulto, era dueño absoluto de sus acciones é independiente de sus progenitores. Si seguía viviendo con ellos, más bien que padres é hijos parecían extraños reunidos casualmente. Olvidaba pronto los beneficios recibidos, miraba á sus padres con perfecta indiferencia, ó, considerándose superior á ellos, les trataba con crueldad y desprecio[192].

Costumbres mortuorias.

6.—La suerte de los ancianos no era por tanto envidiable. Salvo los shamanes, adivinos, etc., los demás indios viejos, débiles ó inútiles para la caza ó la guerra, eran considerados por su tribu como pesada carga y desaparecían natural ó violentamente.

Las costumbres mortuorias estaban basadas en la creencia constante en la inmortalidad de las almas. Concebía el indígena la vida de ultratumba como un estado feliz, en que los guerreros después de muertos gozaban en regiones fertilísimas de todos los bienes que ansiaron en la tierra.

Fig. 77.—Sepultura de piedra (Illinois).

Esta concepción material de la vida futura, originó acaso la costumbre de enterrar los cadáveres con sus armas, vestidos, utensilios, etc., generalmente quebrados, para indicar que también acompañaba al muerto el alma de las cosas en su viaje por las regiones desconocidas, á las que no debía partir sin medios de defensa.

Fig. 78.—Momia descubierta en una cueva de Alaska.

En algunas tribus se enterraban con los jefes militares sus caballos y hasta sus esclavos y mujeres, para que el muerto pudiera presentarse en la vida futura con la misma dignidad y rango que gozó en la tierra. En otras se creía al individuo animado de varios espíritus que desempeñaban oficios distintos después de su muerte. Uno, por ejemplo, quedaba con el cuerpo, otro vagaba como fantasma por la aldea; y otro acompañaba al guerrero á los "dichosos prados de abundante caza y pesca"...