La muerte natural de un individuo atribuída por su tribu á maleficios de las hostiles, bastaba á veces para emprender una guerra. Si un caudillo influyente decidía una expedición guerrera nunca le faltaban compañeros.

A veces las hostilidades se reducían á simulacros y danzas guerreras para inspirar terror á los enemigos. Otras veces eran simples algaradas ocasionales y violentas.

Iniciada la guerra, terminaba difícilmente. El implacable talion indígena reclamaba satisfacción de sangre por cada guerrero herido ó muerto, y por consiguiente, si no se formulaba un tratado de paz, solo cesaban las hostilidades con la extinción de las tribus en lucha.

El arte militar apenas se conocía. Prescindiendo de las ventajas naturales, las fortificaciones indígenas consistían en cercos, empalizadas ó rudos baluartes de tierra defendidos por fosos.

Fig. 95.—Jefe Sauk (Cattlin).

La sorpresa y la emboscada eran los únicos ardides tácticos del Indio. Algunas tribus se pintaban de colores parduzcos para confundirse con la yerba al avanzar arrastrándose. No daban cuartel; mataban sin remisión á sus enemigos y saqueaban é incendiaban sus chozas ó tiendas. Si conservaban algunos prisioneros era para luego sacrificarlos, esclavizarlos, y en casos excepcionales adoptarlos. El arrancar la cabellera del guerrero muerto (escalpe), era costumbre general en Norte América. Las cabelleras enemigas fueron los trofeos favoritos del indio, ya por creer que poseyéndolas tenía cierto poder sobre el alma de su víctima ó simplemente por atestiguar su valentía y hazañas.

A veces se notificaba al enemigo la declaración de guerra enviándole objetos simbólicos. Antes de emprender la campaña celebraban los guerreros ritos y danzas especiales para avivar su luctuoso entusiasmo. Si volvían victoriosos, se embriagaban hasta el delirio en otras danzas y ceremonias de triunfo, rivalizando los hombres, las mujeres y hasta los niños, en atormentar cruelmente á los prisioneros, sin otro límite á su furor que el miedo de abreviar la duración de su sanguinaria venganza.

Fig. 96.—Formas del arco.