Otro tanto sucedía con los dijes, joyeles, piedras, etc., con que atravesaba el salvaje sus labios (Botocudos, Esquimales), nariz, orejas ó mejillas, con perforación más ó menos cruenta.

El pelo servía también de adorno. Algunas tribus lo usaban suelto y flotante (Apaches, etc.), otras se lo afeitaban en caprichosa forma (Seminolas, etc.) con filos de pedernal ó conchas marinas.

Fig. 123.—Planta de un Iglu (casa de nieve) Esquimal.

Los ornamentos sin mutilación, fueron variadísimos. Colgaba el Indio de sus muñecas, tobillos, cuello y cintura, tiras de piel, plumas y conchas brillantes, garras y dientes de animales ó humanos, como trofeos de caza y guerra[222].

Vestido.

11.—Acaso estas últimas formas de ornato personal dieron origen al vestido. La piel suspendida al cuello fué transformándose en túnica, los cinturones se recargaron de apéndices convirtiéndose en faldas. Del brazalete vino la manga, el mocassin del adorno del tobillo. Las piedras preciosas, aligerando las preseas indígenas, cambiaron radicalmente los adornos.

Fig. 124.—Sección vertical del mismo.

Las pieles de animales (lobo marino, búfalo, ciervo, etc.,) se usaron al principio como abrigo, limitándose á secarlas, perfeccionándose luego su manipulación hasta hacerlas extraordinariamente suaves y flexibles, lo que en general conseguía la mujer india raspando cuidadosamente con pedernal la piel hasta darle un grueso uniforme, y cosiéndola luego con tiras también de cuero ú otras materias que pasaban por agujeros hechos previamente en sus bordes.