9.—El carácter más sedentario que nómade del Indio Americano le hizo reunir sus cabañas ó tiendas en aldeas (rancherías, tabas, etc.,) más ó menos extensas y ubicadas en territorios favorables. Estas aldeas fueron permanentes, aunque las necesidades alimenticias y consiguientes cambios de residencia las hicieran á primera vista parecer inestables. La disposición de sus habitaciones dependía de consideraciones religiosas ó tribales (casas de jefes, templos, etc.), y se rodeaban comúnmente de empalizadas para su protección y defensa.

Fig. 121.—Tienda Omaha (Tipi).

Esparcidos en general tales villorrios á lo largo de las costas de los mares, ríos y lagos, no es extraño que los conquistadores Europeos que naturalmente siguieron en sus exploraciones el curso de los ríos, al encontrar en todos ellos grupos tribales, supusieran también habitadas las zonas mediterráneas y exajeraran en sus relaciones el número é importancia de las poblaciones indígenas del Continente[220].

Adorno personal.

10.—Aunque parezca paradógico, la desnudez no es sinónimo de salvajismo, ni puede decirse que un hombre es tanto más salvaje cuanto menos cubra su cuerpo. Todo es cuestión de clima y convenciones sociales. La emoción de la modestia no es innata, ni natural al hombre; es más bien hija de la moda y el adorno.

Es un hecho etnográfico indiscutible que el adorno personal, precedió al vestido, aunque sea dificilísimo establecer una línea clara de separación entre ambos.

Las pinturas y tatuajes en el cuerpo mismo, universalmente practicadas por el Indio Americano, fueron acaso la forma más primitiva de su adorno. Los colores más usados eran el rojo, amarillo, negro y blanco, que fabricaban con ocres, cal, carbón y jugos de diversas plantas. Algunas tribus (Amazonas) pegaban á su piel varias plumas, con una substancia ó barniz resinoso. Tatuaban los más sus cuerpos con incisiones más ó menos profundas y deformaban algunos intencionalmente y desde la cuna, las cabezas de los niños hasta dejarlas "como mitras de obispos mal formadas", que decían los antiguos cronistas. Las pinturas, tatuajes y deformaciones descritas, eran para el Indio medios de identificación, propiciación y protección mágica, ó simples manifestaciones de vanidad guerrera[221].

Fig. 122.—Jefe Oha (Tierra del fuego).