Música y Cantos.
4.—El atambor, los tamboretes, sonajeros y chirimías, de variadas formas y tipos, los silbatos de madera ó hueso, cuyo sonido solía simbolizar la voz del espíritu, la flauta de caña, la "syringa de Pan" (Sud-América) y hasta el arco y la cuerda en algunas tribus, eran los instrumentos musicales que usaba el indio en sus complicadas y emblemáticas danzas[232].
A cada ceremonia correspondía un ritmo distinto y cantos especiales de frases melódicas cortas, que se repetían hasta el cansancio. Los temas eran vagos, fantásticos y apropiados al objeto especial de cada danza.
Algunos cantos no tenían letra. En otros era esencialísimo el pronunciar exactamente las palabras consagradas. Cualquier equivocación al respecto, destruía según el indio, el mágico conjuro, y podía producir consecuencias funestas.
Fig. 145.—Máscara ceremonial (Estrecho de Behring).
El canto era, en fin, un vehículo para llegar á los seres invisibles. De aquí que, el indio cantara con toda su voz, y como la emoción religiosa la hacía entrecortada, áspera y discordante, y el tambor y el sonajero no solían marcar la misma medida del canto, los ritmos se entrechocaban con los ritmos, y el ruido atronador de instrumentos y voces, impedía distinguir la melodía bárbara. Estas melodías y estos extraños ritmos, forman, sin embargo, en la Historia de la Música Primitiva un interesantísimo capítulo.
Fig. 146.—Danza del Escalpe (Dakotas).