Así fue; le dio tan fuerte y repentino calambre en la pierna derecha al pobre vizconde, que tuvo que saltar del cuadro... Y con tanta torpeza lo hizo, que con todo su peso le pisó un pie a doña Brianda...
—¡Grosero!—exclamó ésta, sin poder contener su dolor.
Para tranquilizarla, dobló Guy la rodilla en tierra y le suplicó:
—«Pardón, madame!»
Fray Anselmo, que musitando sus oraciones había vislumbrado la escena desde los corredores, vociferó:
—¡Esto es intolerable, ya!—Y dirigiéndose a Pablo:—¿No sabéis cuándo habrá recepción en Palacio?
—No...
Como era hora de cenar, pasaron al comedor. Después del «Benedicite», el dominico preguntó al dueño de casa:
—¿Quién se sienta ahora en el trono de España?
—Felipe II—repuso doña Brianda.