—Pues yo creo que hay hadas.
Mírola Ramón casi con lástima...
Ella prosiguió, con un vago temblor en la voz:
—Sí creo, sí creo, sí creo... ¿Qué razón tienes tú, malo, para no creer?
Tímidamente, el chico contestó:
—Yo nunca las he visto...
—¿Y no crees en Dios?
—Sí...
—¿Y has visto alguna vez a Dios?—exclamó Lita triunfalmente, burlándose de la poca lógica de su amigo.
Creyó Ramón mejor no tocar más el punto. ¿Cómo iba a discutirle esa chiquilla que nada sabía, a él, que estudiaba historia de Roma y multiplicaba por sumas de cinco y de seis números?... Pero ella insistía: