Luego de pensarlo formalmente, Ramón contestó:
—Eso nunca, niña Lita. Mi mama diría que es una insolencia, y se enojará.
Lita se encogió de hombros:
—Tutéame cuando tu mamá no te oiga.
—Tampoco... Yo no hago nunca escondido de mi mama nada que no pueda hacer delante de ella...
—¡Tu mamá es la cocinera y yo soy la niña, y te lo mando!
—No podría, niña, no podría—gimió Ramón con voz tan compungida que la misma Lita soltó la carcajada, una de esas sonoras carcajadas que sólo sabía arrancarle el chico de la cocinera.
—¡Bueno!—dijo, cambiando el giro de la conversación.—Yo te trataré de usted... Cuéntame... o cuénteme usted lo que ha hecho hoy en la escuela ese pícaro de... ¿cómo se llama?... Luis Matheu... Ese que se pelea con todos y está todos los días en penitencia... Ese que en cuanto se pierde un coscorrón, dices que lo encuentra siempre en su cabeza...
Tuvo que interrumpirse aquí el coloquio, porque se oyó el recio y bien conocido taconeo de miss Mary que se acercaba... Ramón, cuya única antipatía en el mundo era esa miss Mary, se hizo humo...
Lita simuló dormitar y despertarse sobresaltada...