La voz ronca del padre decía:
—Está demasiado agitada. Es necesario tranquilizarla. ¿No tiene fiebre?
La voz fina de la madre contestaba:
—Parece que no; ahora le pondremos el termómetro... ¡Pobre chica!... ¡Tiene demasiada imaginación para su estado!... Ha soñado curarse... Habla de curarse... Yo creo que tejer no le haría mal.
—Habrá que consultar al médico. Tú sabes que no quiere que se fatigue, ¡ni que te fatigues tú tampoco!
La señora suspiró... El señor parecía preocupado por la obstinación de Lita. Pues Lita no era caprichosa. Le gustaba contradecir a veces; pero era dócil y reposada como una viejita de cien años. Como su capricho de tejer era una cosa rara, el padre ordenó a miss Mary que llamase al médico por teléfono.
Oyendo la orden, Lita la desaprobó:
—¿Para qué el médico?... Si los médicos no pueden lo que Dios puede, ¡y yo me curaré sin médico!...—Y luego pensó en voz alta, consolándose:—De todos modos, aunque miss Mary lo llame, él no va a oír ni entender, porque ese teléfono es para hablar español y miss Mary no sabe hablar más que en inglés.
Su padre se sonrió y le dijo:
—El teléfono sirve para todos los idiomas, Lita. Además, miss Mary sabe hablar español como yo y como tú. Habla inglés con los chicos para que lo aprendan.