§ II

En este segundo parágrafo es del caso ocuparnos especialmente del origen del Hombre en el Continente Americano.

El sabio Hamy, en su obra L'Homme tertiaire en Amérique, opina, entre otros geólogos, que no solamente en los Antiguos continentes sino también en el Nuevo, ha existido el Hombre desde el Período Plioceno, pues asevera que se han descubierto esqueletos de ese mismo Período en Nueva Orleans y en Jacksonville (Estados Unidos de Norte América), y en Mercedes (Argentina), deduciendo que pertenecían á una raza dolicocéfala y platicéfala ó sea de cabeza larga y estrecha, y aplanada la bóveda del cráneo, de capacidad cerebral pequeña, de órbitas grandes y algo circulares, de pómulos salientes y de maxilar superior prognato inclinado hacia adelante, de estatura baja, de huesos fuertes y de constitución vigorosa. Este Hombre primitivo vivía de la caza y de la pezca; pues sus armas que se encontraron junto á sus osamentos, eran de piedra, de varias formas y pequeñas dimensiones, con las que atacaba á los corpulentos paquidermos que, en América, abundaban en aquellos remotos tiempos.

Ultimamente, en 1912, una comisión científica de la Universidad de Yale (Estados Unidos de Norte América), presidida por el sabio arqueólogo Mr. Hiram Bingham, recorrió parte del Sur del Perú, haciendo importantes estudios geológicos. Entre los resultados más notables de esta comisión, se halla el descubrimiento de huesos interestraficados del Hombre prehistórico que, se supone, anterior al Período Glacial, como también el hallazgo de huesos de bizonte americano, que los hombres de ciencia no han creído que pudiera haber existido en Sud América. Asimismo, esta comisión encontró cerca del Cuzco un hueso de un animal extinto que tiene, en opinión de los investigadores, cuando menos 70,000 años. Los trabajos de esta comisión han sido de tanto interés, que despertaron la atención de los círculos científicos, pues además de los hallazgos anotados, hizo igualmente el descubrimiento, en el Perú, de ciudades misteriosas, antiquísimas y desconocidas, de las que nos ocuparemos con algún detenimiento en la segunda parte de esta obra.

Otros etnógrafos han establecido la teoría de que en los Antiguos continentes y aún en América, se han encontrado huellas de la raza etiópica, y que la Humanidad entera tiene un origen común africano. A este propósito, el notable antropólogo Zayas Enriquez, en un artículo titulado ¿Cuál es la raza primitiva? (publicado en la revista mensual "América," de Nueva York, correspondiente al mes de Junio de 1910) al ocuparse de la raza originaria de América, dice: "En el Continente americano las huellas de la raza etiópica, aunque más escasas, no son menos visibles, y todavía existen varios girones de esas razas de negros, que tengo como primeras pobladoras del Nuevo Mundo, tales son: los Caracolos, de Haití; los Califurnams, de las islas Caribes; los Aguahos, de Cutara; los Aroras ó Yaruras, del Orinoco; los Chaymas, de Guayana; los Maujipos, Porcijis y Matayos, del Brasil; los Nigritas, Chuanas ó Guanas, del Istmo de Darién; los Manabis, de Popayán; los Guabos y Jaras ó Zambos, de Honduras; los Esteros, de la Nueva California; los Indios Negros, encontrados por los españoles en Luisiana; y los Ojos de Luna y Albinos, descubiertos en Panamá."

Según opinión de doctos y renombrados etnógrafos y etnólogos, el suelo americano fué habitado desde los tiempos antediluvianos: confirma este parecer, la exposición de sabios paleontólogos que aseveran haberse encontrado en este continente numerosos fósiles de mamíferos antediluvianos de las Epocas Siluriana, Devoniana y Carbonífera, que lo habitaban, como el mammouth, el mastodonte, el icthyosauro, el milidonte, el megaterio, el machairodo, el brontosaurio, el ceratosaurio, el macranchenia, el glyptodonto, el moncsaurio, el mylodon-magaterio, el macroynato, el halytherio, el diphococus[13], el dinosaurio[14] y otros paquidermos de corpulencia extraordinaria[15]. Junto con esos restos de mamíferos se han encontrado también osamentos, cráneos y esqueletos humanos de los primitivos habitantes de aquellas épocas lejanísimas, á la vez que herramientas y otros utensilios de piedra del uso de esos mismos habitantes. Efectivamente, en las Montañas Pedregosas, en Wyoming, Colorado, Nueva Jersey, Massachusets, Nebrasca, Missuri, Luisiana, Nueva Orleans, Illinois, Ohio, Pensilvania, Indiana[16], Delaware, Kentucky, California, Oregón, Sierra Nevada, México, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Guayanas y otros lugares más, se han encontrado restos animales y humanos, artefactos, utensilios de silex y otros objetos rústicos que prueban, del modo más evidente, la existencia del Hombre en toda la América, durante y después de las Epocas Terciaria (arqueolítica ó paleolítica)[17] y Cuaternaria (neolítica)[18], probando, además, que tanto en las regiones del norte como en las del sud, vivía el Hombre mezclado con los animales, á los que cazaba y mataba con sus toscas armas de pedernal, para proveer á su subsistencia y conservación, pues la carne le servía de alimento y con las pieles hacía sus vestiduras, utilizando las demás partes en otras cosas de su uso[19].

Para corroborar esta afirmación, expondremos lo asentado por algunos autorizados paleontólos que han hecho descubrimientos de restos humanos y animales, como también de objetos de silex y otras materias, de las Epocas Terciaria y Cuaternaria, tanto en la América Septentrional, cuanto en la Meridional.

De la América del Norte se citan los siguientes hallazgos: