Los esqueletos trógloditas de Furfooz (Bélgica), última raza primitiva de los tiempos prehistóricos, manifiestan haber sido seres aún de mayor inteligencia que los de Cro-Magnon, pues conocían el medio de fabricar una loza grosera.

De todo lo referido, cierto parece, que no el Hombre perfecto, sino el antropóide homínido existía ya en el Período Plioceno ó sea á fines de la Edad Terciaria, como lo comprueban las investigaciones de los geólogos Riviere de Klaatsh y Hauser, Seleucka y Carthaus, Lartet y Leffikwell, practicadas, respectivamente, en Moustier, Trimel, Eyzies y en la isla ártica de Bater. Nada menos que el hallazgo de una docena de esqueletos fósiles referentes á la raza del Hombre primitivo, convencen que esa misma raza constituye una especie aparte, diferente del Homo sapiens al que tenemos el honor de pertenecer.

Difícil es precisar cuál podía ser la vida social de esos hombres primitivos; pero es de suponer que vivían brutalmente y como animales, con sólo el instinto de la nutrición, de la defensa contra la inclemencia del clima y contra las bestias feroces que podían ofenderlos.

Se ha observado que el Hombre primitivo vivía generalmente en las orillas de los ríos; es allí donde se encuentran sus restos, como así mismo en las cavernas naturales abiertas por la erosión de las aguas de los valles. Natural es, que sea difícil descubrir sus osamentos, porque están casi siempre enterrados de cuatro á seis metros de profundidad en el suelo de las cavernas, debido á que las aguas surabundantes las llenaban de detritus, de arena y de limo arrastrados por ellas. Por eso, muchas cavernas están tan llenas de limo, que parece imposible, á primera vista, que pudieran existir allí, bajo una espesa capa de tierra, muchos restos de osamentos, y solamente practicando escavaciones profundas, es que se han descubierto vestigios de huesos que han pertenecido al Hombre primitivo, como así mismo osamentos de corpulentos animales.

Cuanto al desarrollo del Género Humano, según opinión de algunos paleontólogos, éste se realizó paulatinamente en el trascurso de tan inmensos períodos de tiempo, que apenas se concibe, ni aún se puede formar la más lejana idea, datando, suponen algunos, de más de veinte mil años. Hækel va aún más lejos, pues opina que desde la Creación del Mundo, no solamente han trascurrido cien mil años, sino probablemente muchos centenares de miles de años. En fin, otros paleontólogos infieren que la Tierra tiene una edad que se escapa á todo cálculo numérico, y que hace muchos millones de años que su superficie está habitada por el Hombre[11].

El Dr. Thomas C. Chamberlain, jefe del departamento de geología de la Universidad de Chicago, declaró en una conferencia pública, tenida en el local del Museo Municipal, ante los miembros de la Sociedad Geográfica de aquella ciudad, que, á su juicio, "el planeta tenía ya cien millones de años, y que por sus fenómenos climatológicos y sus condiciones atmosféricas subsistirá aún otros millones de años."

Si los cálculos de los paleontólogos nombrados parecen enormemente exagerados, debemos citar la opinión de un sabio geólogo inglés, Mr. R. T. Strutt, que pretende haber determinado por un método muy preciso, la edad de algunas rocas eruptivas, buscando la cantidad de helium que contienen. Por el análisis que hizo de algunas muestras de circo[12], ha encontrado que los basaltos de Auvernia, de la Edad Terciaria, tenían 6.270,000 años de existencia; que los de Noruega excedían de 54.000,000 de años; y que las tierras azules diamantíferas de Kimberley, en el Africa Central, alcanzan la respetable edad de 320.000,000 de años. Además recogió, dice, en la provincia de Ontario, en el Canadá, una roca arcáica que cuenta, por lo menos, 622.000,000 de años; y aún, añade que, á su juicio, las cifras que él indica son inferiores á la realidad, pues cree que el Globo Terráqueo cuenta por lo menos 700.000,000 de años.