En Tarija han encontrado los esqueletos del mylidón y del megaterio, como también grandes colmillos del mastodonte.

En Punín, cerca de Riobamba, en el Ecuador, el sabio Mr. W. Branco descubrió, en 1883, los esqueletos del mastodonte y del protonchemia, animal que es un tipo entre el tigre y la hiena, con colmillos formidables.

En el río Daule se halló los restos de un animal grande, idéntico al mylidonte.

En 1866, Mr. Dicleby ha encontrado, en el territorio de los Natchezes (Norte América), muchos osamentos humanos, fósiles, mezclados con otros de mammouth y de mastodonte.

En el mismo año Mr. Matson, prolongando un pozo de mina en California, á una profundidad de 130 pies, encontró un cráneo humano, fósil, enterrado bajo cuatro capas de cenizas volcánicas, solidificadas.

El capitán Peck halló cerca del río Ontonagon (California), á una profundidad de 25 pies, huesos fósiles, junto con instrumentos toscos de silex, de la primitiva industria humana.

Otra prueba evidente de la estancia del Hombre en América, desde las Epocas Terciaria y Cuaternaria, son la formación de enormes depósitos de conchas que se encuentran en muchas costas marítimas y orillas de ríos de este Nuevo Continente, principalmente á lo largo de las costas de California, de las islas de Vancouver, Terranova y en las orillas de los ríos de Maine, Massachusetts, Georgia, Florida, Alabama, Luisiana, en Norte América; en la Isla de Casceiro, en el Brasil; y en las orillas de las Bahías de Paranagua, San Paulo y Río de La Plata, en la América del Sur: todos depósitos conchíferos en los que se han encontrado muchos objetos pertenecientes al servicio del Hombre prehistórico.

De gran importancia son, también, los bloques de toba del antiguo volcán, ya extinguido, llamado Tizcapa, en Nicaragua, en los cuales se han hallado estampados las huellas de dos pies humanos; toba que se encontró en una superficie de arena conchífera, cubierta por catorce capas distintas de piedras: estas huellas de pies humanos tienen tres centímetros de profundidad, veinticuatro de longitud y once de ancho, y la distancia ó paso, de un pie á otro, es de treintiseis y medio centímetros, demostrando que esas huellas fueron impresas en la toba, cuando ésta estaba aún blanda. Incalculable es poder imaginar los miles de años de existencia que tendrían esas huellas impresas en aquellos bloques de toba, ya que se hallaban cubiertas por catorce capas distintas de piedras; pero es evidente que ellos son de una época inmemorial.

Todos los hallazgos que hemos referido, manifiestan, inequívocadamente, que el Hombre ha habitado el suelo americano cuando todavía no existían los pueblos más antiguos y adelantados de que se conserva memoria.

A este propósito, el Dr. Rodríguez Dulanto, en su científica tésis[20] leída ante la Facultad de Ciencias de la Universidad de San Marcos de Lima, ha dicho: "El Continente americano ha sido, desde los más remotos tiempos, la patria de un gran pueblo, el pueblo americano, cuyo origen se remonta más allá de los principios de la Civilización y de la Historia."