Los Conchucos, que moraban en la provincia de Pallasca, también hasta el Marañón y cabeceras de la costa.

Los Pimpús ó Pimpás, que vivían en la falda de la helada meseta de Junín.

Algunas otras tribus habitadoras de los bosques de la Montaña, y conocidas con el nombre de Chunchos, son también de la época pre-incáica, cuya descendencia subsiste aún, refractaria á los adelantos de la civilización actual.

Casi todas estas razas distintas, que se adueñaron sucesivamente del territorio del Perú, con intérvalos entre unas de otras, gobernaron cada cual, en sus respectivos dominios, durante un largo período de tiempo. Algunas de ellas empleaban, como escritura, los geroglíficos, cuyo uso se perdió durante el período de los Incas.

Lo que dá márgen para creer en la larga estancia de esas diversas razas en el Perú, en aquellos lejanos tiempos, es la diferencia que se observa en los estilos arquitectónicos de los monumentos que han dejado, pues por dichos estilos se comprueba que los edificios levantados en la costa, como los de Chan-Chan (Chimú), Huaca del Sol (Mocha), y Pachakamacc (Lurín), son de carácter diverso á los de Huánuco-Viejo (Sierra), no teniendo éstos tampoco semejanza con los ciclópeos de Tiahuanaco y Urubamba, cuyo estilo arquitéctico es muy distinto y especial.

Es opinión admitida por los historiadores, que el desarrollo de la antigua civilización pre-incáica ha tenido cuatro períodos bien marcados.

En el primer período, los pobladores fueron hombres salvajes, nómades, que llevaron una existencia miserable, pues su ignorancia no les permitió hacer uso de las cosas útiles á la vida, y, por eso, andaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin alimento conveniente, en fin, sin leyes y sin gobierno.

En el segundo período, los indígenas diseminados y errantes, se reunieron en tribus ó pueblos, gobernados por jefes y caciques que mantuvieron su independencia y autonomía, y en cuyo tiempo se perfeccionaron los instrumentos de silex y útiles de alfarería y se inició la extracción y fundición de metales.

El tercer y cuarto períodos se distinguen por la civilización de la costa, por el Sur, descollando los indios Nazquenses é Iqueños, y por el Norte, los indígenas Chimús; civilizaciones sorprendentes, que, en ninguna otra tribu se hallaban tan desarrolladas. Empero, creemos que desde los referidos tercer y cuarto períodos, hasta la fundación del Imperio Incáica, trascurrió un largo espacio de tiempo, quizá unas larga serie de siglos, durante los cuales las antiguas civilizaciones se perdieron del todo, pues la mayoría de los historiadores están de acuerdo en que, al fundar Manco-Capacc la dinastía de los Incas, en compañía de su muger Mama-Oklla[110], el país estaba habitado por algunas tribus salvajes sumidas en la última condición del hombre en el estado social, ignorando el origen de los portentosos monumentos monolíticos dejados por sus antecesores, y sin poder descifrar sus inscripciones geroglíficas, ni tener idea, ni recuerdo, de la pasada grandeza y explendor de sus ascendientes.