Los Huanucuyos, que se extendían en las márgenes de los ríos Pozuzo, Huancabamba y Mayro, en la parte alta del Marañón y del Huallaga, vivían dispersos, y solo se reunían para celebrar sus fiestas en templos que tenían erigidos en las alturas: eran indios más blancos y más robustos que los demás.
Los Atacamas ó Cunzas, que habitaban la puna de Atacama en la Cordillera, y el valle de Huasco, eran especialmente de raza cazadora. Posteriormente, las regiones que ocupaban los Atacamas, fueron invadidas por razas intrusas, llamadas Llipes ó Olipes.
Los Tarmas, que ocupaban los valles de su mismo nombre, es decir, el de Tarma y sus inmediatos.
Los Yungas, Mochicas y Tallangas, que formaban una especie de confederación, habitaban desde los linderos de Tumbes y se extendían por las orillas del Huancabamba y valles de Jequetepeque y Huailas, hasta cerca de las riberas del Marañón.
Los Huancas ó Guancas, que vivían en las comarcas situadas al Norte del Pachachaca hasta los orígenes del Marañón, y la quebrada de Jauja hasta la meseta de Junín; sostenían contínuas luchas con las tribus limítrofes, y aun entre ellos mismos, pues vivían en la mayor anarquía, sin reconocer jefe alguno.
Los Caxamallcas, curacazgo que extendía su dominio en casi toda la Sierra del Norte, en Cajamarca, Hualgayoc, Celendín, Pataz, Cajabamba y Contumazá: como todo ese territorio era muy fragoso, no pudieron congregarse en pueblos concentrados, por cuya razón su cultura no fué tan marcada como la de las tribus de la costa y del centro.
Los Chachapuyas ó Llavantus, que constituían un cacicazgo aislado, y residían en las riberas y valles del Huallaga y del Marañón, en la hoy provincia de Luya: su capital era Quelap, y apesar de que su cultura era algo adelantada, no llegó á ensancharse á otras regiones.
Los Huaccrachucos, que vivían en el valle de Pátaz, entre el Huallaga y el Marañón.
Los Chotas, que residían en la comarca de su propio nombre, en las márgenes del Jequetepeque, hasta el Marañón y cabeceras de la costa.