Quizá no sea hiperbólica la opinión de Mr. L. Angrand, y en todo caso, débese confesar, que los fundadores del Imperio de Tiahuanaco fueron hombres extraordinarios, de una raza superior y civilización adelantada, que esparcieron su influencia y cultura no solamente en las orillas de los ríos tributarios del Amazonas y en parte del antiguo Perú, como en Mocha, Huaraz, Pachacamacc y Ancón, sinó también hasta el Ecuador, y al territorio de los Calchaquis de Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy, lugares donde se hallaron artefactos semejantes á los del altiplano del Titicaca.

Además, el origen Quechua de Tiahuanaco se manifiesta en el culto del dios Huiraccocha, cuya figura se halla grabada en la gran portada de Huaccapana, del santuario inconcluso y en ruinas, de esa misteriosa ciudad.

Desde su fundación y durante todo el período de su duración, el Imperio de Tiahuanaco estuvo gobernado por varias dinastías, que se sucedieron, las más veces, por causa de trastornos internos, en los que se empeñaron luchas encarnizadas para disputarse la preponderancia y predominio de unas sobre otras, luchas que naturalmente, debilitaron el poder á tal extremo, que al fin ocasionaron su caída.

Por eso, la monarquía teocrática de los Quechuas fué relativamente de corta duración, y su civilización no llegó á su término natural, quedando inconclusas las grandiosas obras que habían emprendido, entre ellas las del soberbio santuario ya enunciado.

¿Cómo se explica la caída de ese Imperio, que marca una etapa de floreciente cultura en los anales de la historia del antiguo Perú? Quizá esa caída se realizó á consecuencia, se presume, de los abusos del poder de las diversas dinastías que reinaron en aquel territorio, y cuyos abusos trajeron por corolario, el descontento de los pueblos y la consiguiente desmembración de éstos, dando ello lugar á que una irrupción de invasores bárbaros, los Aymarás ó Ccollas, cayera sobre la altiplanicie, causando la más espantosa de las convulsiones, y con ésta, el abandono que los Quechuas, hicieron de esa metrópoli, refugiéndose en las escabrosas soledades de la región del Urubamba.[118].

Se presume que los Aymarás ó Ccollas de Cari, procedieron del Este de Bolivia y del Norte de Chile. Algunos historiadores antiguos suponen que esos mismos Aymarás fueron los constructores de la misteriosa metrópoli de Tiahuanaco; otros historiadores fueron de parecer, que no se debe atribuirles tal preeminencia, porque está históricamente probado, en cuanto al antagonismo de los Aymarás con los Quechuas, que más bien aquellos, después que lograron vencer y expulsar á éstos del territorio de la altiplanicie andina, fueron los que destruyeron todas las obras hechas allí por los Quechuas, siendo esos mismos Aymarás, también los autores de la destrucción de la protocivilización de Tiahuanaco, cuyos monumentos quedaron inconclusos. Volveremos á dilucidar este punto más adelante.

CIVILIZACIÓN DE LOS CHIMÚS

Conquistado por los Chimús el territorio que anteriormente habían ocupado los sucesores de Naymlap, el poderío del Señorío del Gran Chimú se extendió desde Chancay hasta Tumbes, y aún hasta Puerto Viejo, según afirman algunos, y abrazaba los valles de Trujillo, Guañape, Santa, Huarmey, Pativilca, y las poblaciones de Paramonga, Chungala, Saña, San Pedro, Pacasmayo y Chan-Chan, que era la capital del Señorío, y que se hallaba situada en las cercanías de la que es hoy ciudad de Trujillo. Tenía Chan-Chan de doce á quince millas de largo por cinco á seis de ancho, con edificios de estructura soberbia y notable, tanto por sus diversas formas cuanto por los adornos plásticos y las arabescas de pinturas brillantes que revestían. Además, toda la ciudad estaba circundada por una gran muralla de dos metros de espesor y veinte metros de altura, adornada con bajos-relieves, y con su respectivo parapeto que coronaba su cima, para su mayor defensa contra ataques ó asaltos posibles. Su imponente fortaleza de Paramunca, en la desembocadura del río Barranca, edificada sobre un cerro de trescientos piés de elevación, revela gran talento de parte de sus constructores, que supieron aprovechar todas las condiciones topográficas del lugar en que se halla edificada. Admirables eran sus grandes obras de irrigación, pues los acueductos, represas y canales distribuía el agua en la ciudad y en los alrededores. La ciudad de Chan-Chan podía considerarse, en ese tiempo, como la más bella de la América Meridional.

Los Curacas ó Régulos del Señorío de los Chimús ejercían un poder absoluto, autocrático. Como los Nazquenses, su civilización se reflejaba en la confección de su artística alfarería, pues contaban para sus trabajos, con artífices muy hábiles.