Ya que tocamos este punto, debemos decir algo sobre las ruinas de Choqquequirau, también ciudad prehistórica. Aunque descubierta ésta hace ya como cuarenticinco años, las autoridades de los últimos tiempos no han dado paso alguno, tendiente á su conservación ni al estudio de los muchos monumentos de inestimable valor arqueológico que encierra.

Choqquequirau (que significa cuna de oro), es una ciudad más extensa que la del Cuzco, situada á poca distancia de la boca de la gran península formada por los ríos Apurimac, Ené y Tambo, y es limitada, por un lado, con la cadena de la Cordillera de los Andes, y por otro, por el caudaloso río Apurímac: es construída toda de piedra labrada, con suntuosos palacios que tienen salones de más de cuarenta metros de largo por diez ó doce de ancho; además, posee hermosas construcciones, baños admirables y templos magníficos. Se cree que esa ciudad era una morada de recreo de los Incas, y fué, según se asevera, el último baluarte de los pocos miembros de la familia imperial, que escaparon á la persecución de los Españoles, después de la sublevación de Manco II, y que allí enterraron la cuna de oro en que se meció Huaynahuantinsuyo[136].

IX
Escritura pictórica é ideográfica de los antiguos peruanos

De todo lo dicho hasta aquí se desprende que, efectivamente, en el Perú hubo pueblos civilizados antes de los Incas, como lo manifiestan también los geroglíficos grabados que se ven en diferentes lugares de este territorio, principalmente en las ruinas preincáicas.

En el sitio llamado Corralones, á ocho leguas de Arequipa, se encuentran grabados hechos á cincel, sobre unas masas de granito, representando figuras de hombres y de llamas, círculos, paralelógramos, cifras semejantes á las letras R y O, y aún restos de un sistema planetario.

En los espesos bosques que ciñen las márgenes del Marañón y del Huallaga, se ven todavía antiguos geroglíficos trazados en durísimas rocas.

En Huamanga, en Huaráz, y junto al pueblo de Huáitara, existen ruinas de fortalezas en cuyas paredes estaban esculpidas muchas figuras de hombres, animales, flores y otros dibujos, obra ó todo, de una raza destruída en otra época.

En fin, en Yonán, en Chavín de Huantar, en Huari, en Calango, en Huarochirí, en Locumba, en Tarapacá, en Paipai, en la Quebrada Honda, en Callancas, en la Caldera, en Chucuito, en la isla de Coatí del lago Titicaca, y otros sitios más del Perú, subsisten aun fragmentos de ruinas en que se hallan dibujados algunos signos pictográficos, mudos pero elocuentes testimonios de que en épocas lejanas existieron en aquellos lugares pueblos dotados de una civilización no poco adelantada.

Aunque el tiempo ha ido borrando la mayor parte de esos geroglíficos, no se les puede despojar del valor que tienen como signos de una cultura antiquísima muy anterior á la de los Incas. Todas estas manifestaciones de signos ideográficos se deben considerar como un sistema de escritura pictográfica, pues esos mismos signos eran la representación de ideas tendientes á ser trasmitidas y recordar el pensamiento de sucesos realizados. Estos signos pictográficos que revelan los principios de una escritura ideográfica, expresan una sucesión de ideas, y los indios dibujaban esos signos en las rocas, en las paredes de los monumentos, en las cortezas de árboles, en las pieles, armas, conchas, cántaros y otras vasijas de alfarería, en telas y demás objetos, para recordar y perpetuar hechos trascurridos, en esa época.