Los primitivos habitantes antediluvianos del territorio conocido hoy por el Perú, fueron, como los demás del Continente americano, autóctonos, ó sea, originarios de este mismo territorio, ratificando nuestro parecer en este sentido, los juicios que al final de la primera parte, hemos ya expresado.
Por los estudios llevados á cabo en estos últimos tiempos por sabios etnógrafos, arqueólogos y paleontólogos, se ha llegado á importantes descubrimientos en las ciencias etnogeníticas, de cuyos descubrimientos deducimos, que las diversas invasiones que arribaron á las costas del Perú, en las primeras épocas postdiluvianas, fueron de colonias procedentes de los siguientes puntos:
1.o De la Nueva Zelandia, isla del archipiélago de la Polinesia; cuya irrupción de gran número de emigrantes llegó, según parece, por el camino del Océano Pacífico del Sud, deteniéndose algún tiempo en la Isla de Pascuas. Después, desde esta isla, invadieron, presumimos, la América Meridional, desembarcando en Manta, Punta de Santa Elena y Puerto Viejo, internándose, parte de ellos, al interior, trayendo á estos puntos, sus costumbres, usos y cultura. Aún creemos que esos inmigrantes fueron hombres considerados como gigantes por su elevada estatura, y, quizá, los constructores de los monumentos ciclópeos é ídolos de piedra que se hallan diseminados entre las ruinas de Tiahuanaco, ciudad que llegó á ser el más antiguo foco de la civilización peruana, y ruinas que tanta semejanza tienen con las estátuas monolíticas que se hallan en la Isla de Pascuas. Además, la evolución religiosa de los Quicho-Aymarás es una prueba evidente de la estrecha relación que existía entre los antiguos Peruanos y los naturales de la Nueva Zelandia.
2.o De la comarca asiática de los Antis, pueblo guerrero y valeroso cuyo origen es desconocido por su atrasada existencia en época proto-histórica, el que, se dice, emigró en masa de su país, antes del Diluvio Universal, estableciéndose en los valles orientales de los Andes, en la sección que es hoy Bolivia y Ecuador.
3.o De Egipto, en el Africa Septentrional, cuyas invasiones á América se realizaron, quizá, mediante el camino de la Atlántida, estableciéndose algunas de ellas en el territorio del Perú, donde también cimentaron sus costumbres, ritos y aún su idioma, existiendo pronunciadas semejanzas entre los Quicho-Aymarás del Norte del Perú y los Egipcios del Nilo, pues se ha descubierto no solamente datos filológicos semejantes entre ambos pueblos en sus tres formas (geroglífica, hierática y demótica), sino también artefactos de cerámica y tejidos de dibujos simbólicos, y, sobre todo, monumentos arqueológicos que denotan curiosas analogías entre estos dos pueblos.
4.o De la Caldea, en el Asia Menor, cuyos inmigrantes llegarían á América quizá por la ruta del Estrecho de Annian, pasando por México, Centro América ó Istmo de Panamá, hasta llegar al territorio del Perú, donde, se cruzaron con la raza del país: por consiguiente, son considerados como uno de los progenitores de los Quicho-Aymarás. Al llegar al territorio peruano, los Caldeos desenvolvieron en él su lengua, la que se fué infiltrando y arraigando en este suelo, y cuya adaptación explica que la lengua Súmera y la Quicho-Aymará guardan tantas analogías entre sí. A la vez, los Caldeos legaron su adelantada cultura, la cual, al extenderse, se fué también asimilando algo entre los antiguos Peruanos, sin haberse, sin embargo, estacionado ni fijado entre los naturales del país.
5.o De la China, vasto imperio al Sudeste de Asia, que á consecuencia de la prolongada lucha de los Brahmanes y Budhistas, que terminó con la emigración de los Chamanes, se pueda presumir que éstos pudieron venir con facilidad á las costas del Perú por las grandes continuadas islas que entonces existían eslabanadas en el Océano Pacífico. Es de suponer que la civilización del Perú viene, en parte, de la China, por las muchas semejanzas de costumbres que existen entre estos dos pueblos, y aún por las similitudes filológicas que permiten que algunos habitantes del Perú puedan entenderse con los Chinos.
A más de las invasiones de los Zelandeses, Antis, Egipcios, Caldeos y Chinos, es probable que hayan habido otras de distintas partes del Antiguo Mundo, sin que podamos determinarlas con exactitud, aunque algunos autores citan las de los Fenicios, Cartagineses, Hebreos, Armenios, y aún Suecos, Noruegos é Iberos. Pero es un hecho incontestable, y hay pruebas suficientes para afirmarlo, que existieron en el Perú, antes del período Incáico, varias razas de relativa adelantada civilización, las que establecieron sus propios gobiernos; dinastías antiguas y poderosas, que sucesivamente fueron desapareciendo con el trascurso de una larga serie de siglos. Quedan, hasta la fecha, algunos recuerdos de esas razas y de esos centros de civilización, que testifican su pasado de grandeza, tanto en las ruinas de soberbios y gigantescos monumentos que se hallan aún diseminados en el territorio peruano, cuanto en los tantos artefactos de alfarería, tejidos y otros objetos que han sido descubiertos en los túmulos funerarios de los primitivos colonos establecidos en el territorio del Perú.
Tal es, en síntesis, nuestra humilde opinión tocante al orígen de los primitivos habitantes del Perú y posteriores inmigraciones que á este territorio arribaron.