NOTAS SUPLEMENTARIAS
Al referirnos á la riqueza mineral de América, debe agregarse al pié de la página 180 de esta obra, los siguientes datos:
En la representación que hizo, en 1731, D. Miguel de Zavala al rey Felipe V, consta, que desde el año 1492, que se descubrió el Continente de América, hasta el año 1708, se exportó á España, en oro y plata, más de cien mil novecientos noventa millones. Pero, como desde el referido año 1708 hasta el final de la época colonial á principios del siglo XIX, trascurrieron aún más de cien años, no es aventurado el calcular que España, durante su dominación en el Nuevo Mundo, sacó de este Continente, en oro y plata, la fabulosa cantidad de más ó menos dos mil doscientos quince millones de pesos.
En 1557, según lo asevera el sabio limeño D. José Eusebio Llano Zapata, en la página 25 de los Preliminares de su obra Memorias Histórico-Físicas Apologéticas de la América Meridional (impresa en Cádiz, en 1759), se halló en una mina, un arbolillo de casi una vara, todo él de plata virgen, y muy parecido al ciprés en sus ramas, hojas y raices. Esto hizo decir al Padre Pineda, «que sólo en el Perú se cría la plata en árboles,» lo que confirmó también Antonio de León Pinelo, que asentó: «La plata en minerales ricos es un arbol, y asímismo el oro.»
En Huantajaya, mineral cerca de Arica, se sacó, en 1741, una pepa de plata pura, tan grande, que pesó treintitres quintales (nos parece demasiado exagerado este guarismo), según lo asevera el Dr. D. Ventura Traverso en su obra titulada El suelo de Arequipa convertido en cielo.
En el siglo XVII se halló en una mina de oro situada á una legua de la ciudad de La Paz, en el Alto Perú, una gran pepita de oro, que fué comprada por el virrey Conde de Salvatierra, en once mil doscientos sesenta y nueve pesos, para remitirla al Gabinete de Historia Natural de Madrid, donde existe aún.
Tan abundantes son las minas en sólo el Perú, que á fines del siglo XVII, se encontraban en él setecientas setenta de oro y plata en labor, y quinientas setentiocho propias á ser trabajadas, sin incluir los lavaderos de oro y las minas de azogue, entre las cuales se hacía notar la de Huancavelica por sus inmensos productos.