Al pié de la página 185, corresponde la nota que insertamos en seguida:

La primera vez que se empedró la calle de Mercaderes, una de las principales de la capital de Lima, con barras de plata, fué en la solemne fiesta de la inauguración de la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados, el 2 de Febrero de 1671. El Padre Buendía, en su obra Vida del Padre Castilla, dice, en el capítulo X, lib. III: «Todo el sitio que el claro del arco dejó para tránsito de la soberana imagen, se empedró con más de mil barras de plata, que por su magnitud y ley importaron dos millones de pesos.»

Un año después, en 1672, un historiador antiguo, al referirse á las suntuosísimas fiestas que se celebraron en Lima, con ocasión de la halagüeña noticia de la canonización de Santa Rosa, nacida y florecida en este privilegiado suelo, dice: «Esta noticia se recibió en Lima en la mañana del 31 de Enero de 1672, y las fiestas que se prepararon en esta capital con tan fausto acontecimiento, no se han visto en todo el Orbe. Basta decir, que entonces el pavimento de la calle de Mercaderes estaba cubierto de barras de plata, y otras se colgaron de costosas alhajas, calculándose el valor de toda la riqueza que en este día botó Lima á sus calles, en más de diez millones de pesos.»

Y, sin embargo, apesar de tantas riquezas, y de las tantas que España sacó de América, pudiendo haber sido y ser la potencia más rica de Europa, es hoy una de las más pobres de ese Continente. ¡Destino inescrutable de las naciones!......


En la página 276, antepenúltima línea, en que se hacé referencia á los animales propios del Perú, que no se tiene noticia hubieran sido encerrados en la Arca de Noé, corresponde la curiosa nota siguiente:

Salvo que se haya realizado el cuento que refiere el Diccionario Infernal, de Mr. Collin de Plancy, quien en el tomo II, página 195, artículo titulado «Maravillas,» dice textualmente: «Léese en el «Lexicon Talmúdico,» que como la Arca de Noé no podía contener sino un cierto número de animales, el patriarca no encerró en ella sino las principales especies, de las cuales todas las demás se han originado. Cuando se hubo secado la Tierra de las aguas del Diluvio, estas especies se multiplicaron del siguiente modo: salió el elefante; Noé le pegó con su varilla un golpecito en la trompa, y el animal estornudó y parió por la boca un cerdo; echóse éste á correr en seguida, y á revolcarse en el lodo; Noé le tocó con su varilla en el hocico, y estornudó un ratón; y así sucesivamente los demás.» Los pretendidos Talmudistas, en la colección de sus tradiciones rabínicas, se olvidaron en decir, que Noé, mediante su mágica varilla, hizo arrojar de la boca del león, tigre, leopardo y otros animales de esa especie, á la vicuña, llama, huanaco, vizcacha y demás animales originarios del Perú(!).