NOTAS FINALES
Hubiéramos deseado que la presente edición saliera más esmerada, es decir, compuesta con tipos nuevos é impresa en papel fino; pero, hemos tenido que ceñirnos á nuestros escasos recursos, y si pudimos dar cima á nuestra tarea, ha sido, tan sólo, á costa de grandes sacrificios.
Cierto es, que la H. Cámara de Diputados, en la penúltima Legislatura (de 1913), nos concedió, en su última sesión de clausura, un subsidio para la impresión de la presente obra; pero, nos hemos adelantado en publicarla, por el deseo de darla á luz cuanto antes, y porque si hubiéramos esperado que nuestro expediente se tramitara y resolviera en revisión en la H. Cámara de Senadores (lo que no ha acontecido hasta hoy), habría pasado quizá mucho tiempo antes de poder proceder á la impresión de ella, y consiguientemente, antes de que nos fuera posible darla á la luz pública.
Empero, ya que no hemos podido aplicar el referido subsidio á la impresión de esta obra, él nos servirá (si acaso llegamos á percibirlo) para atender al gasto de imprenta de uno ó de los dos trabajos que tenemos aún inéditos y que son todavía más voluminosos que el presente, titulados, el uno, Tribus índianas del Continente hispano-Sud-americano, con la nómina y procedencia de ellas en cada uno de los territorios en que actualmente está dividida la América Meridional: idiomas, dialectos y costumbres de esas mismas tribus; y el otro, Los Incunables Peruanos ó Historia de los primeros libros impresos en Lima; obligándonos, entonces, á darlas á luz con tipos nuevos y papel satinado. Ojalá nos sea posible realizar este anhelo respecto de ambas obras, pues con ello quedarán colmadas nuestras aspiraciones.
Réstanos por hacer una pequeña aclaración.
Nunca hemos presumido de literatos, ni de historiadores, ni menos de científicos; prueba de ello es, que, siempre que ocasión hemos tenido, hemos declarado con toda franqueza, que nuestros escritos no son para que los lean los sabios, sino el vulgo, el pueblo: esta misma declaración hacemos al principio de esta obra, sabedores de que las personas ilustradas no necesitan que se les enseñe, sino los ignorantes, los que carecen de letras y noticias. Hacemos nuevamente esta confesión, impulsados por el testimonio de nuestra conciencia, y para desvanecer el erróneo juicio que algún gratuito crítico ha emitido de nuestros escritos (en la entrega I del tomo V de la Revísta Histórica), juicio que podríamos refutar, punto por punto; pero nos abstenemos de ello, por no entrar en una polémica desagradable que, á la postre, no conduciría á nada práctico. Dejamos, por lo demás, á nuestro exaltado Zoilo, en libertad para juzgar nuestros trabajos como buenamente le parezca; pero teniendo por norte, repetimos, la sincera declaración que queda hecha, y no olvidando esta oportuna remembranza:
«El sexto de los pecados capitales, es el gusano roedor que carcome el corazón de algunos hombres.» Ya nuestro oficioso crítico, en su alta inteligencia, comprenderá el sentido de esta metáfora.
Cuanto á nos, volvemos á repetir, que todos nuestros escritos tienden especialmente á dar luz y conocimientos á los ignorantes, á la masa del vulgo: para esta masa del vulgo, es que escribimos, y no para los eruditos. Sépalo así nuestro talentoso émulo, que también es amigo nuestro y á quien tampoco pretendemos ofender con estas líneas.