Por lo demás, las impugnaciones que nuestro censor hace de nuestros estudios, no nos arredran, porque, como ya lo dijimos, asístenos la conciencia de que al habernos dedicado modestamente á la tarea de escribir algunas obritas, no ha sido con la pretensión de conseguir fama de literatos, ni menos de científicos y sabios, sino que hemos sido impulsados á ello, únicamente, por el justo deseo de ser útil, en alguna manera, á la clase desintelectualizada, y, principalmente, contribuír, con nuestro humilde contingente, á la ilustración de la masa inculta de este país, en obsequio de la inmensa gratitud nuestra por la hospitalidad que hemos recibido en el privilegiado suelo del Perú. Y decimos esto, porque, apenas lo pisamos y comenzamos á estudiarlo, nos cautivó de tal manera su interesante historia antigua, que nos dedicamos á investigar sus hechos culminantes y memorables, con el exclusivo propósito de difundirlos entre la masa del pueblo. Al efecto, no solamente nos hemos limitado á arreglar calendarios y vidas de los santos que florecieron en este bendecido suelo, sino numerosas obras de distintos géneros, costeando todas ellas de nuestro propio peculio; mientras que otros no han podido publicar nada sino á expensas del Erario nacional. Creemos que este desprendimiento de nuestra parte es bastante loable, ya que hemos sacrificado alguna suma, no despreciable, tan solo en beneficio de la clase ignorante, que, felizmente, ha correspondido á nuestros deseos, pues que de casi todos nuestros estudios publicados, se han agotado las ediciones por entero.
El aprobar ó reprobar algún escrito es arbitrio del entendimiento de cada uno, pues así como no hay ningún manjar que sea del gusto de todos los paladares, asímismo no hay escrito alguno que sea del gusto de todos los lectores. Ningún autor, por más erudito y esclarecido que sea, puede lisonjearse que sus producciones han de agradar á todo el mundo. Si las nuestras no son del gusto de nuestro crítico, no por eso desesperamos, pues el consuelo nos queda de que detrás de él hay millares de personas que con su demanda las aprueban y á su preparación nos alientan.
ERRATAS NOTABLES
| PÁGS. | LÍNEA | DICE | DÉDE DÉCIR |
| [5] | 12 | Floureus | Flourens |
| [12] | 29 | En Constadt | En Canstadt |
| [24] | 20 | Sierra de la Viudad | Sierra de la Viuda |
| [35] | 4 | los Cartagines | los Cartagineses |
| [62] | 17 | río Chagras | río Chagres |
| [»] | 26 | en Venzuela | en Venezuela |
| [65] | 13 | (suprimir esta línea, que debe pasar á la pág. 56, entre las líneas 15 y 16) | |
| [75] | 12 | primeras emigraciones | primeras inmigraciones |
| [»] | 31 | las emigraciones | las inmigraciones |
| [83] | 4 | del Colloa | del Collao |
| [104] | 8 | Origenes Autuerpianæ | Origenes Antuerpianæ |
| [»] | 9 | Guillermo mo Portel | Guillermo Postel |
| [114] | 1a | Des toutes les partíes | De toutes les parties |
| [121] | 19 | Letrone | Letronne |
| [124] | 14 | é hizo á todos | é hizo perecer á todos |
| [126] | 15 | valle de Bogatá | valle de Bogotá |
| [165] | 23 | en el año 711 | en el año 734 |
| [200] | 30 | contra los fuertes colores | contra los fuertes calóres |
| [204] | 6 | Arboles hitóricos vetustos | Árboles históricos vetustos |
| [207] | 17 | plantas cuyas hoyas | plantas cuyas hojas |
| [248] | 28 | (ver el final de la nota, que se trascribe al pié de estas erratas). | |
| [280] | 31 | semejantes á los de Tiahuanco | semejantes á los de Tiahuanaco |
| [285] | 1a | (en lugar del parágrafo II). | (debe ser parágrafo III). |
| [289] | 13 | sosteniendo, los dos últimos, | sostenidos, los dos últimos, |
| [320] | 31 | eitmología sería Titihuanacu | etimología sería Titihuanacu |
| [321] | 29 | grandes bloques andecíticos | grandes bloques antecíticos |
La nota de la página [248] aparece inconclusa: el final de ella ha debido pasar al pié de la página siguiente, pero no sucedió tal cosa, por el descuido del cajista. Esta nota termina así:
y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son la admiración de los modernos. Los Carios establecidos en las Cíclades y otras islas del Mediterráneo asiático, salían de allí para navegar en el Atlántico; siendo esa la razón que Diodoro de Sicilia tuvo para decir «que los Cartagineses siguieron las huellas de los Carios en los mares del Oeste.» Los Carios dejaron en la región ecuatorial de América, á más de su nombre, algunos signos arqueológicos; y, por último, una dinastía de su raza, que en otro tiempo imperó en el reino de Quito, uno de los tres distritos en que hoy está dividida la República del Ecuador.
Errores corregidos por el etext transcriptor: