«En todo, el descubrimiento de América costó 144,000 reales, equivalentes á 18,000 pesos.»

[44] La doctrina de la condición inferior y servil de los indígenas americanos, llegó á generalizarse tanto y á ser tan aceptada, que el Papa Paulo III se creyó obligado á condenarla, como lo hizo por un Breve expedido en Roma, á 10 de Junio de 1537, en el cual decidió: «Que es malicioso y procedido de codicia infernal y diabólica el pretexto que se ha querido tomar para molestar y despojar á los indios y hacerlos esclavos, diciendo que son como animales brutos é incapaces de reducirse al gremio y la fe de la Iglesia católica; y que él, por autoridad apostólica, después de haber sido bien informado, dice y declara lo contrario, y manda que así los descubiertos, como los que en adelante se descubrieran, sean tenidos por verdaderos hombres, capaces de la fe y religión cristiana, y que por buenos y blandos medios sean atraídos á ella, sin que se les haga molestias, ni vejaciones, ni sean puestos en servidumbre, ni privados del libre y lícito uso de sus bienes y haciendas, con pena de excomunión latæ sententiæ, ipso facto incurrenda (y reservada la absolución á la Santa Sede Apostólica) á los que lo contrario hicieren, y que esa aún no se les puede dar ni en el artículo de muerte, y procediendo bastante satisfacción.»

Sin embargo, á pesar de que este Breve declara á los indios iguales á los demás hombres, y á pesar de que las leyes de España los declaraban iguales á los demás súbditos de la Corona, es lo cierto que en los períodos de la conquista, del coloniaje y aún de la independencia, esos indios siempre han sido considerados verdaderos esclavos de los conquistadores, de los encomenderos, y aún de los gamonales de la presente época, que los han tenido y tienen en la condición de siervos. Durante la época colonial, siempre han sido considerados como esclavos, no pudiendo contraer ninguna obligación que excediese de cinco pesos, si no la firmaba un blanco, y era tanta la opresión que los indios sufrían de los encomenderos, que muchos de ellos, exasperados de tantos padecimientos, se extrangulaban para no caer en manos de los españoles y verse reducidos á la esclavitud.

[45] Acatando la opinión del sabio filólogo Hervas y Panduro, de no haber palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos en las lenguas americanas de los indios primitivos de América, tal hecho prueba, evidentemente, que después de la confusión de las lenguas en Babel, cada pueblo ó tribu tuvo que formar su lengua propia, no teniendo para ello más maestro que la Naturaleza, la que se las dictó, según las circunstancias propias del clima, de los animales, de las flores y de los frutos de la localidad donde residía cada pueblo ó tribu: todo lo que se movía estaba dotado de vida para el Hombre primitivo; para él, todos los sonidos eran voces, ya fuera el bramido de la fiera ó el ruído del viento y del agua. Después del trascurso del tiempo, y con las emigraciones que de otros Continentes abordaron sucesivamente á las playas americanas, las lenguas sufrieron notables modificaciones, proviniendo de allí que, al cabo de millares de años, esas mismas lenguas habían adoptado muchas voces de los pueblos ó comarcas de esos diversos Continentes.

[46] Salmanazar reinó en Asiria cuarenta y un años, subiendo al trono en 1981 de la Creación del Mundo, (según la cronología hebráica), ó sea, 2054 años antes de la era cristiana: hizo tres expediciones á Armenia, combatió á los reyes de Hamath y de Damasco, en Siria, é hizo tributarios suyos al rey de Judá, Jehú, y á los príncipes de Caldea y de Fenicia.

[47] En este texto hebreo se dice: "Salmanazar, rey de los Asirios, sacó las diez tribus de Samaria y las repartió por la tierra de los Medos." De allí, según autores antiguos, muchos de los miembros que las formaban se unieron y fugaron pasando una tierra muy distante llamada Arzaret ó Arfaret, situada al oriente de la Tartaria, junto al reino de Annian, que tiene el estrecho de su mismo nombre. Pasando aquel estrecho, llegaron al reino de Quivirá, ya en territorio de América, diseminándose por México. Más tarde, los descendientes de estas diez tribus israelitas pasaron, sucesivamente, por la América Central, Panamá, y demás comarcas del Continente sud-americano, Genebrardo les hace dar otra ruta, desde los desiertos de Tartaria hasta la isla de Groenlandia.—Esdras fué un escriba ó doctor de la ley, entre los Judíos, que obtuvo del rey de Persia, Artajerjes el Magnífico, el permiso de llevarse de su país los Hebreos cautivos que no habían seguido á Zorobabel: á su vuelta á Jerusalem, ofreció un sacrificio de expiación, organizó el culto y arrojó de allí á las mujeres paganas con quienes se habían casado los Judíos.

[48] Estos documentos consistían en algunos grandes vasos de tierra, de una sola pieza, cerrados con tapas de la misma materia, vasijas en que eran representados, en piedra, las figuras de los antiguos emperadores de Tulteca y otras figuras supersticiosas.

[49] Carlos de Sigüenza y Góngora fué un afamado poeta y matemático que nació en México, en 1645: abrazó la carrera eclesiástica y fué catedrático en la Universidad de esa ciudad, durante veinte años. Hombre muy docto, escribió varios tratados sobre los caracteres geroglíficos de los antiguos monumentos índicos mexicanos. Sus demás importantes escritos, en latín, se perdieron en el incendio que hubo en la capital de México en 1692. Falleció este ilustre mexicano en esa misma capital en 1700, á la temprana edad de 55 años.

[50] La moneda que posee dicho Cónsul es de cobre, del tamaño y grueso de un peso español; tiene en el centro un agujero cuadrado y en ambas caras ostenta geroglíficos indescifrables aún para los Chinos prácticos en antigüedades.

[51] Según tradición de los antiguos Mexicanos, Quetzalcoatl, hombre misterioso, fué legislador y civilizador de Anahuac; enseñó muchas cosas, entre otras, el arte de fundir los metales; arregló las intercalaciones del calendario; exitó á las tribus para que guardasen la paz, y les enseñó á que ofrendasen á la divinidad las primicias de las cosechas: cuando juzgó terminada su alta misión, se dirigió á la embocadura del río Huassacoalco y desapareció.