Empero, otros historiadores pretenden que el nombre de América no se deriva de el del piloto y cosmógrafo florentino Vespucio, cuyo nombre y apelativo verdaderos son Albérico Vespuzio, según está comprobado por infinidad de documentos italianos y españoles auténticos. Las mismas cartas marítimas publicadas en España por Vespuzio, relativas á sus dos primeros viajes, llevan su propio nombre de Albérico, y solamente la carta de su tercer viaje, la que levantó precisamente al pie de la montaña denominada Amérriqua, es la única que firmó «Américus.» En 1507, Martín Waldzeemüller publicó en Saint-Dié un libro titulado «Cosmographiæ introductio,» en el cual propone para el nuevo Continente el nombre de Amérriqua, basándose en que, cuando en 1499 Alonso de Ojeda descubrió lo que hoy se conoce con el nombre de Centro América, los indios de la costa de Cumaná designaban el Continente entero con la palabra Amérriqua. Además, en un mapa náutico publicado en Lyon en 1522 por Ptolomée, titulado «Orbystypus universallis juxta hydrographorum tradictionem exactissime depicta,» el autor dice que Amérriqua es lo que comprendía todo el territorio del Continente del Sud, y que la parte que hoy es conocida por el Brasil se llamaba entonces Terra Sancta Crucis, abarcando todo el Continente Sud. La denominación propia de Amérriqua, agrega el autor, que posteriormente se alteró en Améric ó América, se deriva de la Cordillera de los Andes y, en especial, de todas las montañas que en Nicaragua existen entre Juijalpa y Libertad, cerca de la costa de Mosquitos. Según opinión de varios otros autores, entre éllos el antiguo y notable geógrafo Schoner, en 1515 ya era conocido el nombre de Amérriqua en Europa. «Por consiguiente, parece probado,—dice éste—que en vez de ser Albérico Vespuzio el que dió su nombre á América, fuese él el que haya tomado este nombre modificando así el suyo gloriosamente, con el propósito de arrebatar á Colón la justa é incuestionable gloria de su descubrimiento.»

Apesar de lo asentado por algunos autores, el sabio brasileño F. A. de Varnhagen, pretenden reivindicar la gloria del florentino Vespuzio, apoyándose en la opinión que el mismo Martín Waldzeemüller (bajo el seudónimo «Hylacomylus») emite en su ya citado libro, cap. IX, foja 15, verso, y, apesar de haber indicado anteriormente que el Nuevo Continente debe llamarse Amérriqua, «no hay motivo, dice, para no dar á la cuarta parte nueva, el nombre de América, de aquel de su inventor Amérigo Vespucci, cuando la Europa y la Asia han recibido sus nombres de dos mujeres.» [«& alia quarta pars per Americum Vesputium (vt in sequentibus audietur) inuenta est—quam non video cur quis iure vetet ab Americo inuentore sagacis ingenii viro Amerigen quasi Americi terram, siue Americam dicendam: cum & Europa & Asia a mulieribus sua sortita sint nomina.»]

Finalmente, el historiador italiano Sr. Campagnoni, que ha escrito y publicado, en Milán, una extensa «Historia de América» en veintinueve volúmenes, dice que: «El Brasil fué denominado, en su origen, América, en honor de Vespucio, que fué su descubridor, denominación que, más tarde, se extendió á todo el Continente del Nuevo Mundo. Algunos historiadores califican de poco noble la conducta de Américo Vespucio al dar su nombre al Continente; pero, en vindicación del buen propósito del florentino, cabe hacer una rectificación. Sabido es, que cincuenta años después del descubrimiento de este Hemisferio, en casi todos los mapas publicados en Europa figuraba el Nuevo Mundo como si fuese un grupo de islas, siendo pocas las porciones exploradas hasta entonces: á esta porción de islas pintadas en los mapas, pertenecían la Florida, Cuba, la Española, Venezuela y el Brasil, con el nombre de América. Como, sucesivamente, se tuvo conocimiento que este Continente se extendía, sin interrupción, hacia el Sur de esta región llamada América, los mapas posteriores fueron aumentando en tamaño, y de ahí que, al tiempo de estar bien conocida la real existencia de ese Continente, dichos mapas siguieron conservando el nombre de América, que habían adquirido accidentalmente. Todo aquello aconteció sin que Vespucio tuviese parte alguna y sin la menor intención de arrebatar á Colón su justo título de descubridor. Aún más, se asevera que Vespucio mantuvo siempre relaciones cordiales é íntimas con Colón, y que muy distante estuvo de contribuir á causar semejante daño á su amigo. Por consiguiente, es un acto de justicia el tener presentes estos hechos, para no poner en duda la integridad de Vespucio.»

Como curiosidad histórica, un periódico español de Huelva, dió últimamente la noticia interesante de lo que costó á España el descubrimiento de América:

«Se acaba de descubrir en Palos (Huelva)—dice este periódico—los libros de contabilidad del armador Pinzon, quien, como es sabido, suministró á Cristóbal Colón los medios materiales que pedía el navegante genovés para su empresa.

«En sus cuentas se encuentran inscritos, hasta en sus menores detalles, todos los gastos ocasionados en el descubrimiento de América.

«Cristóbal Colón, jefe de la expedición, figuraba con el sueldo de 6,400 reales al año; sus segundos, tenían cada uno 3,600 reales anuales; y cada hombre de la tripulación, 50 reales.

«El aparejar la reducida flota, compuesta de tres carabelas, costó 50,000 reales.

«La alimentación costaba por cabeza 24 reales mensuales.

«La indemnización de viaje, para los jefes y tripulación, fué pagada por Colón mismo, á quien, para el efecto, se le dieron 80,000 reales.