Y algunos otros más, de altos precios, que no han llegado á nuestro conocimiento.

[93] La Cascarilla Calisaya tiene su historia. Refiere la tradición, que habiéndose enfermado gravemente Doña Francisca Enriquez de Rivera, esposa del Virrey del Perú Don Luis Gerónimo Fernández Cabrera Conde de Chinchón, una india sirvienta suya, secretamente le suministró los polvos de Cascarilla; que sorprendida la india, se trató de quemarla viva, por haber creído que trataba de envenenar á la Virreyna; más, hallándose ya en el cadalso, se le perdonó la vida en vista de la maravillosa curación de la enferma, reconociéndose entonces que el específico suministrado era el descubrimiento para la curación radical contra las fiebras malignas. En 1640, el Virrey Conde de Chinchón y su esposa volvieron á España, y el médico que los acompañó llevó á España una porción de Quina Calisaya, la cual vendió en Sevilla á 100 escudos la libra.

[94] Se calcula que las capas de Guano que cubrían el suelo de las Islas Chinchas tenían un espesor de más de 60 pies, y es tan exacto este cálculo, que lo demuestra el hecho de haberse descubierto á 62 pies de profundidad, un ídolo de piedra y tres vasos para agua. También á 33 y 35 pies, respectivamente, se han hallado otros ídolos de madera, que indudablemente datan de un período de tiempo más atrasado como el anterior hallazgo. El sabio Alejandro de Humboldt comprobó, en 1804, el hecho de que durante 300 años que trascurrieron desde la conquista española hasta el fin de la época colonial, sólo se habrían formado unas pocas líneas de guano; por consiguiente se pregunta: ¿Cuántos miles de años se han necesitado para formar esas capas de más de 60 pies de espesor de ese mismo Guano? Los geólogos calculan que se ha requerido á lo menos 864,000 años.

[95] Diodoro de Sicilia en su Historia Universal, describe así el origen de la Humanidad: «Los primeros hombres, en su ignorancia de las cosas útiles á la vida, llevaban una existencia miserable; estaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación conveniente; no se preocupaban de coger los frutos silvestres y hacer de ellos una provisión para la mala estación, y por eso muchos morían de frío y falta de sustento. Pero, después, la experiencia los indujo á refugiarse en las cavernas, durante el invierno, y á almacenar los frutos que podían conservarse. En todas partes la necesidad ha sido el maestro del Hombre.»

[96] Quizá los habitantes de la Atlántida serían aquellos gigantes á que se refiere la Sagrada Escritura: «En aquel tiempo había gigantes sobre la tierra.» («Gigantes erant super terram in diebus illis»—dice el Génesis en su cap. VI).

[97] Después de incalculables centurias trascurridas desde la espantosa catástrofe de la Atlántida, el periódico «The Standard,» que es uno de los órganos más serios de Londres, anuncia la formación de una expedición de capitalistas, encabezada por un rico lord inglés, y que se embarcó en Liverpool con el propósito de hacer estudios para el descubrimiento de la sumergida Atlántida, y una vez conseguido, extraer los valiosísimos tesoros que encierra esa desaparecida, grande isla. Con tal intento, esos aventureros capitalistas llevaron varios submarinos y barcos-buzos, instrumentos, herramientas y demás implementos indispensables para la realización de sus proyectos. Semejantes aventuras prueban, evidentemente, que los capitalistas ingleses pueden llegar á engolfarse en empresas famosas para la ciencia, cuando el punto de mira es buscar tesoros inaccesibles...

[98] Algunos autores niegan que el Diluvio haya sido universal, y dicen, que aunque la Tierra hubiera sido cubierta de agua hasta la altura de algunas toesas ó brazas, las cimas de los más elevados montes y cordilleras quedaron descubiertas, salvándose allí muchos más hombres y animales que los que se salvaron en el Arca de Noé: de este principio deducen esos mismos autores que, aunque murieron la mayor parte de los vivientes, no todos fueron igualmente ahogados. Empero, aunque esta deducción parezca algo probable, no es posible afirmarla ni negarla del todo, porque carece de fundamento en qué apoyarla.

[99] Los Carios ó Cares, de cuya presencia en América hay bastantes vestigios, pudieron realizar en este Continente, se supone, la construcción y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son la admiración de los modernos. Los Carios establecidos en las Cíclades y otras islas del Mediterráneo asiático, salían de allí para navegar en el Atlántico; siendo esa la razón que Diodoro de Sicilia tuvo para decir «que los Cartagineses siguieron las huellas de los Carios en los mares del Oeste.» Los Carios dejaron en la región ecuatorial de América, á más de su nombre, algunos signos arqueológicos; y, por último, una dinastía de su raza, que en otro tiempo imperó en el reino de Quito, uno de los tres distritos en que hoy está dividida la República del Ecuador.

[100] Mr. Buache, de la Academia de Ciencias de París, descubrió una cadena de montañas submarinas que se extienden desde el Cabo de Buena Esperanza hasta el Brasil, suponiendo el mismo autor que en tiempos anteriores esa cadena unía el Continente de Africa con el de América.

[101] El estrecho de Annian ó Behring está situado entre el Océano Glacial Artico y el Grande Océano (Pacífico), separa el cabo oriental al nordeste de Asia, del cabo del Príncipe de Gales, al nordeste de América. Tiene este Estrecho doscientos kilómetros de largo por ochenta en su parte más ancha. Lo descubrió, en 1728, el navegante dinamarqués Vitus Behring, que se hallaba al servicio de Rusia, en tiempo de Pedro el Grande. Por eso le dió su nombre, como también al mar de la parte septentrional del Pacífico, que se extiende entre el Kamtchatka, al oeste, la América al este, y las islas Aleutianas, al sud.