Así, la parte oriental de este Continente fué poblada por una raza que, según Bory de Saint-Vincent, probablemente salió de las vertientes de los montes Allegany y de los Apaches de la hoya del río San Lorenzo: las emigraciones de estos pueblos pasarían á las Floridas, y de allí al mediodía, ocupando las regiones de México, Antillas, Tierra-Firme, Guayanas, y el territorio de Cumana: esta raza es originaria de los Pieles-Rojas, que se han extinguido por el poder absorbente de los Yankees. Los indígenas de Yucatán y de Honduras, los Caribes y los Galibis tienen analogías marcadas con esta raza oriental, pues como ella, son de cuerpo bien formado, y ágiles; su cabeza prolongada es bien conformada; su cara es ovalada (dolicocéfala), que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior es notablemente mayor que el transversal; la frente deprimida; los cabellos negros, gruesos y lucientes; y el color de la piel cobrizo.
La raza meridional de una parte sud del Contínente Americano, como la hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucania, tienen, según Augusto de Saint-Hilaire, caracteres que recuerdan la raza china: la cabeza redonda (braquiocéfala), que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior difiere muy poco del transversal, muy voluminosa, hundida en las espaldas por ser el cuello corto, y pesada y aplanada por el vértice; la frente ancha, muy deprimida; los pómulos salientes; los ojos pequeños; la nariz achatada; los labios gruesos; la boca grande; los cabellos negros, lisos y rígidos; y la piel de color de cuero curtido. Los indígenas de las costas occidentales eran diferentes á los del resto del Continente, no solamente por sus caracteres orgánicos, sino también por sus costumbres, y su avanzada civilización, como lo comprueban las naciones de México, del Perú y de los Chibchas, que eran pueblos muy adelantados.
Por consiguiente, según las observaciones craneoscópicas de los etnógrafos citados, éstos demuestran que el tipo originario y común de la América del Norte fué el dolicocéfalo, y en la América del Sud el braquiocéfalo. Aunque esos caracteres craneoscopicos no tienen valor absoluto en las clasificaciones de las razas, son de una grande importancia en el estudio de éstas, unidos á los demás elementos étnicos que las caracterizan.
El doctor Retzius hace de los cráneos humanos la siguiente división:
| Dilococéfálos | { | Puros | índice menor que 75 | por 100. |
| Subdolicocéfalos, | entre 75 y 77·5 | por 100. | ||
| Mesaticéfalos | entre 77·6 y 77·9 | por 100. | ||
| Braquiocéfalos | { | Subdolicocéfalos, | entre 80 y 84·9 | por 100. |
| Puros | entre 85 y más | por 100. | ||
[139] La religión de los indios peruanos preincáicos consistía en reconocer una triada ó trinidad de dioses, que eran:
Con ó Kon.—En los tiempos primitivos del Perú creían los indígenas en un dios, al que dieron el nombre de Con ó Kon, que era la personificación del Trueno, del Temblor, de las Tempestades, pues se manifiesta por los sacudimientos de la costra terrestre, á la vez que por las erupciones volcánicas: por consiguiente era, para esos indígenas, un dios malo, que tan solo veneraban para aplacar su ira.
Pachaccamak.—Los indíos de la costa rendían culto á Pachaccamak, que en la mitología peruana fué considerado como un dios misterioso que animaba y fecundizaba la tierra: el templo de este dios, que era considerado como un oráculo, estaba situado en el valle de Lurín, cerca de Lima, y el culto que se le rendía era algo cruento, pues se le hacía sacrificios humanos.
Huirakocha.—Para los indios, era el dios del Agua, y autor de todo lo creado, como el Sol, la Luna, las Estrellas, el Orbe todo, los Hombres y demás séres mitológicos indianos.