[132] Parece que también en las provincias de Córdova y Rioja han habido gigantes, pues en esos lugares se han encontrado algunos huesos y cráneos de proporciones extraordinarias.

[133] Betanzos en su «Suma y narración de los Incas Capacunas,» le dá el nombre de Taipikala, y Posnauski el de Huiñuymarca. Pero sea el nombre que fuere, esa divergencia de interpretaciones no tiene importancia alguna, siendo estéril entrar en discusión á este respecto, porque nadie sabe cuál fué el idioma de los constructores de estas ruinas; de consiguiente, el primitivo y verdadero nombre que tuvo la ciudad prehistórica ha quedado para siempre perdido.

Empero, no queda duda que el nombre de Titihuahuanaco, (que se supone de origen aymará), como lo pronuncian los indios Aymarás, significa «los hijos del jaguar.»

Además, como lo ha dicho el señor Belisario Díaz Romero (en el diario «La Nacion» de Lima del 17 de diciembre de 1913) es probable que la palabra Tiahuanaco tenga su origen del idioma anti ó andino, que es anterior al Aymará, como también la raza Anti lo es de la Aymará.

[134] «Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima», tom. XV, págs. 280 y 281, correspondiente al 30 de setiembre de 1904.

[135] En los cráneos dolicocéfalos, la cabeza presenta desde arriba la forma oval, truncado por delante, longitud aumentada posteriormente por una protuberancia occipital saliente; su mayor anchura se encuentra algo delante de las fosas parietales que se hallan en la base del cráneo. En los cráneos braquicéfalos, la cabeza, en vez de ser redonda, parece cuadrada, con los ángulos redondeados y la extremidad anterior más pequeña que la posterior.

[136] Desde el siglo XV ha permanecido esa ciudad completamente oculta, por hallarse cubierta de bosques; en ella no ha posado la planta del conquistador, y, por consiguiente, no fué objeto de profanación, destrucción y especulación de la codicia de los aventureros del tiempo de la conquista, ni aún de los especuladores de la larga época del coloniaje. Empero, la existencia de Choqquequirau fué conocida desde algún tiempo á la fecha, pues es notorio que por los años 1870 á 1874, el señor José Benigno Samanez, al frente de una expedición, se propuso llegar á ese sitio; pero su proposito le salió frustrado, porque entonces no pudo abordar á él por las dificultades de los caminos inaccesibles. Posteriormente, el doctor don Julio Césár de Piérolá, prefecto de Apurímac en los anos 1897-98, concibió también la idea de llegar á esas tierras, y, al efecto, hizo abrir un camino y construír una oroya sobre el Apurímac (especie de puente de un solo alambre con una canasta que puede contener tres personas), la que facilitaba el tráfico; pero los acontecimientos revolucionarios de esa época y su separación de la prefectura, ahogó la empresa cuando faltaba poco para tocar á su término. Últimamente, el señor Jorge Alejandro Ballón, formando al efecto una sociedad exploradora, fué quien obtuvo el éxito deseado, pues vencidas las innumerables dificultades que se presentaron, se pudo descubrir esta misteriosa ciudad, y se logró pisarla, quedando deslumbrados todos ante la magneficencia de las construcciones, como, asímismo, por el elegantísimo mobiliario que decoraba sus habitaciones, y con el cual formaban contraste los cadáveres hallados en las actitudes que se encuentran generalmente los de la época incáica. El descubrimiento de esta ciudad antiquísima ha despertado el más vivo interés entre los hombres científicos, por los datos históricos que puede suministrar y por los estudios arqueológicos que en ella sea dable efectuar.

Felizmente, el estudio de las antigüedades peruanas van adquiriendo cada día mayor importancia. Las muchas ruinas diseminadas en los territorios del Perú y de Bolivia, són considerados como verdaderos tesoros de riqueza artística, y quizá, más tarde, esos dos territorios reservan á los exploradores aún mayores sorpresas arqueológicas, que las que se han descubierto hasta el día.

[137] Estas construcciones ciclópeas van destruyéndose poco á poco, por la incuria de las autoridades, quienes no tienen en cuenta que aquellos monumentos son patrimonio de la Historia peruána, y que la civilización universal, por su solidaridad en el arte y en la ciencia, las reclama.

[138] Los etnógrafos opinan que las razas americanas esparcidas en todo el Nuevo Continente pueden dividirse en secciones diferentes.