Voltaire, en apoyo de lo opinado por Lord Kames, en su Essai sur les mœurs et l'esprit des nations, dice: "Si se pregunta dónde han venido los Americanos, se debe también preguntar dónde han venido los habitantes de las tierras australes, y se debe contestar, que la Providencia que ha poblado la Noruega ha poblado también la América.
Al mismo respecto, Bernardo Romans, en las págs. 38-39 de su obra A concise natural History of east and west Floride, expone: "No creo absolutamente que los hombres de raza roja de América desciendan de pueblos situados en las partes orientales ú occidentales de Asia. Creo firmemente que Dios ha creado una raza de hombres originarios de este país, diferentes de los otros pueblos."
También Isaac de La Peyrère, monje francés, en su obra titulada Prædamitas, publicada en 1655, (la que fué condenada al fuego por el Parlamento de París), afirma que "Dios, el sexto día de la Creación del Mundo, formó varones y hembras en diversas regiones del Orbe, como también muchas plantas y animales de cada especie en varios parajes de la Tierra; que después creó á Adán y Eva, cuya creación es la que expresa el segundo capítulo del Génesis; y, por último, que Adán no es cabeza ó progenitor de todos los hombres, sino tan sólo del pueblo judáico."
El sabio antropólogo Burmeister, tratando de esta misma cuestión, se expresa así: "Basta fijarse con alguna atención en el color de los individuos que constituyen las diferentes naciones, para comprender que las actuales razas humanas descienden de varias y distintas parejas...... Para sostener el aserto bíblico de que todos los hombres descienden de una sola pareja, es preciso dar explicación cumplida á los milagrosos hechos y portentosos acontecimientos que indispensablemente debieron tener lugar para que, en sólo 4,000 años mil millones de hombres procedentes de un mismo punto y descendientes de una sola pareja, poblaran toda la Tierra."
El célebre anatómico Alejo Littré, en sus Memorias relativas á la anatomía patológica, opina que: "Diversas preocupaciones teológicas y la tendencia á la inquisición absoluta de las causas primeras, son las que han hecho admitir la derivación de todas las especies de una pareja única, rechazando las diferencias específicas de los hombres, en vez de recibirlas tales como la observación las demuestra."
Finalmente, el ilustre general colombiano D. Tomás C. de Mosquera, en su Cosmogonía ó Estudio sobre los diversos sistemas de la Creación del Universo, asienta que: "El Hombre lo crió Dios en varios puntos de la Tierra á un tiempo, cuando las condiciones necesarias á su nacimiento aparecieron en los medios físicos de toda especie, que obraron determinando y produciendo ese nacimiento, es decir, cuando la fuerza general que se llama vida animal, que ha obrado y obra perpétuamente sobre nuestro planeta, llegó á una época en que aparecieron en juego las varias influencias y condiciones que obrando necesariamente, debieron producir por modo inevitable esta manifiestación de la vida, de la cual hizo Dios al Hombre."
No obstante, desde la iniciación de los estudios arqueológicos americanos, los etnógrafos se han dividido en dos grupos. El uno, de los poliphiletes ó poligenistas, formado por los que sostienen que la adelantada civilización de los antiguos habitantes de América es debida al desenvolvimiento natural y sucesivo de una raza aborígene ó autóctona, afirmando que los antiguos pueblos del Nuevo Mundo tienen su origen en este Continente, y que las civilizaciones cuyas antiguas grandezas se admiran hoy, son resultado del desenvolvimiento gradual de esa raza primitiva. El otro grupo, de los monophyletes ó monogenistas, es compuesto por los que creen que las civilizaciones de los antiguos pueblos americanos tienen su origen en las numerosas emigraciones posteriores al Diluvio Universal, estableciendo que la población primitiva se componía de varias razas diferentes las unas de las otras; que la forma del Continente americano no siempre ha sido la que es actualmente, pudiendo, con las trasformaciones sucesivas de la Tierra, haber hecho parte ó haber sido próximo á otro Continente; concluyendo, en resumen, que esas emigraciones á América han sido diversas: de Asia, los Hebreos, Fenicios, Troyanos, Chinos y Tártaros; de Africa, los Egipcios, Cartagineses y Etiopes; y de Europa, los Griegos, Frisios, Romanos, Curlandeses, Noruegos, Dinamarqueses, é Islandeses. En esta hipótesis, los aborígenes americanos pertenecerían á razas diversas venidas de distintos puntos de Asia, de Africa y de Europa.
Sin detenernos, por ahora, en la teoría sostenida por ambos grupos, veremos más adelante las opiniones formuladas por los etnógrafos y paleontógrafos.
Acudiendo á las fuentes de consulta que tenemos á nuestro alcance, vemos que todos los pueblos de la antigüedad, ó sea de la época postdiluviana, han sido considerados por sabios americanistas, como los progenitores de la raza americana, principalmente los asiáticos, no solamente porque estos pueblos han tenido más probable comunicación con la América, por el antiguo estrecho de Annian, (hoy Behring, que tiene ochenta kilómetros en la parte más ancha y sirve de canal de comunicación entre el Mar Glacial y el Mar Pacífico); sino, también, porque los usos, carácter, instituciones, costumbres y hasta el lenguaje de algunos americanos con otros de la raza asiática, guardan algunas analogías.
El objetivo primordial de los estudios llevados á cabo en este sentido por dichos sabios, ha sido indagar si los indígenas americanos son descendientes de una sola ó de varias razas; investigaciones que hasta ahora no han tenido completa solución, prevaleciendo, sin embargo, las opiniones á favor de la pluralidad de razas, basadas en que las muchas y diversas tribus aborígenes esparcidas por todo el Continente americano difieren en sus usos, creencias, lenguajes, costumbres y demás condiciones etnogenéticas.