Casi en la misma época (siglo IV antes de la era vulgar ó durante la República Romana), parece que una expedición arribó á las playas de América, pues, como lo hemos dicho antes, en las ruinas de Petén, en Centro América, se encontró ahora años, monedas del tiempo de los Romanos y herraduras de caballos de mayor alzada que los comunes, objetos que se hallan depositados en el Museo de Guatemala.
Marineo, en su obra Rerum Hispanorum, lib. XXIX, cap. XXVI, refiere que "en cierta parte de Tierra Firme de América, donde era Obispo Fr. Juan Quevedo, de la Orden de San Francisco, hallaron unos hombres mineros, estando cabando y desmontando una mina de oro, una moneda con la imagen y nombre de César Augusto (que gobernó el Imperio Romano un siglo antes de la era vulgar), la cual, habiendo venido á manos de D. Juan Rufo, Arzobispo consentino, la envió como cosa admirable al Sumo Pontífice."
El P. Fr. Gregorio García, en su obra ya citada, pág. 174, en apoyo de lo referido por Marineo, dice también que "en la Imperial, ciudad del reino de Chile, se hallaron medallas con águilas de dos cabezas, timbre del Imperio Romano, las cuales fueron siempre insignias que usaron en sus ejércitos, y por ellas se entendían sus legiones, y se llamaban triunfadoras, cifrando en su nombre el poder y la gloria del Imperio."
Si estos objetos, que datan unos de la época de Alejandro y otros de la de César, han sido encontrados, los primeros en un extremo, y los segundos en otro extremo de la América española, quizá podría colegirse que este territorio hubiera sido ocupado por los Griegos y los Romanos, durante más de dos siglos, ó sea, desde el reinado de Alejandro (300 años antes de la era cristiana) hasta el de César (100 años antes de la misma era). Y también podríase inferir, talvez, que esos Griegos y Romanos fueron los hombres de raza blanca que algunos etnógrafos suponen hayan sido los primeros habitadores de América.
Avanzando algunos siglos, ó sea, á fines del V de la era cristiana, una inmigración de Mongoles atravesó el Pacífico, desbordándose sobre las playas de México: este hecho no sólo se ha trasmitido por tradiciones populares, sino que se ha confirmado últimamente, como lo hemos dicho antes, con motivo de la guerra que la China sostuvo en 1900 contra los aliados Europeos, pues al ocupar estos últimos la capital de Pekin, descubrieron en los antiguos archivos de aquella capital, documentos que comprueban, con toda evidencia, que los Mongoles desembarcaron en el Continente americano en el año 499, es decir, 993 años antes que Colón. En dichos documentos se asevera que "cruzaron el Pacífico y desembarcaron en las playas de México, en la parte opuesta á Yucatán, y allí levantaron templos." Y este hecho parece algo verosímil, si se toma en cuenta que, hace tiempo, se encontró en las ruinas de los templos descubiertos en el Estado de Sonora, en la costa del Pacífico, una piedra, con caracteres chinos, que indican que los Mongoles habían visitado el Continente hacía muchísimos años.
Parece también evidente que en el siglo VI, según tradición de aquella época, los Hileriones, Gutos, Siuones y Sitones, piratas escandinavos de la gran isla situada al norte de Europa, cruzaron el Atlántico y desembarcaron en las playas septentrionales del Hemisferio Americano (hoy Estados Unidos de la América del Norte), quedándose algunos allí y cruzando otros todo aquel territorio hasta llegar á la meseta de Anahuac: estos últimos se establecieron en esa comarca, uniéndose con los Mongoles, y formándose de la mezcla de ambas razas, las aguerridas tribus conocidas con los nombres de Toltecos, Chichimecos, Nualtecas y Aztecas.
El historiador sueco, Mr. Folsom, encontró en algunas rocas situadas en el distrito de Assonett, cerca del río Tauntón, en el Estado de Massachussets, algunas inscripciones trazadas con caracteres escandinavos (rúnicos), conteniendo los nombres de guerreros Islandeses y Noruegos que habían formado su campamento en esa región; pero aunque estas inscripciones no llevan fecha alguna, la forma de sus caracteres prueba incontestablemente, según lo asevera Mr. Folsom, que ellos remontan á una época que aproximadamente se puede referir al siglo X. Mr. Folsom, para esclarecer esta cuestión, fué á Islandia, donde obtuvo varios manuscritos del dicho siglo, en los que constaba que dos navegantes Islandeses, Bjarne Herjulfson y Leif Erickson, habían sido unos de los primeros descubridores de América, á fines de ese siglo, el primero, y á principios del siglo XI, el segundo, manuscritos que encierran una descripción de los dos cabos llamados Cod y Santa Marta, conocidos hoy por Nueva-Bretaña y Nueva-Escosia, y de algunas otras islas de la bahía de Narraganssett, en las que estos navegantes y compañeros de viaje habían residido cerca de tres años. Empero, Mr. Folsom no se dió por satisfecho y quiso constatar la existencia de las antiguas relaciones entre el Nuevo Mundo y el Antiguo, y se dirigió á América. Allí encontró, como se ha dicho, sobre rocas del distrito de Assonett, las inscripciones trazadas con caracteres escandinavos á que hemos hecho referencia.
Posteriormente, según antiguos manuscritos escandinavos dejados en el siglo XII por el Obispo islandés Thorlak Runolfson[77], sobre los primeros viajes de los Escandinavos al Continente americano, y encontrados en Copenhague, en 1838, por Carlos Christian Rafn, Secretario de la Sociedad de Anticuarios de esa ciudad, y descritos por él en los Antiquitates Americanæ, los Suecos, los Noruegos y los Dinamarqueses, que son los que siempre se han distinguido por la audacia de sus excursiones marítimas, emprendieron viajes á la América en el trascurso de los siglos IX, X, XI y XII, y cita los siguientes:
1o El de Gunnbjoern, que el año 876 descubrió la Groenlandia (más de 600 años antes que Cristóbal Colón descubriera la América), vasta comarca de la América Septentrional, situada á los 74° de latitud norte y entre los 14° y 74° de longitud oeste[78], ignorándose, entonces, que formara parte del Nuevo Mundo.
2o El del Islandés Schnaebjorngalti, que desde el año 970 al de 980 permaneció en Groenlandia.