Citaremos entre éstos, primero, á Hugo de Grocio, que en su obra titulada Disertatio de Origine gentium Americanarum, asienta: "los primeros habitantes (post-diluvianos) de la América Septentrional han venido de Noruega; los de Yucatán, de la Etiopia; los del Perú, de la India y de la China; y aquellos que son más al sud hasta el Estrecho de Magallanes, han venido del oriente por las tierras australes." Y agrega: "Es un hecho evidente, que tanto de Europa por la Groenlandia, cuanto de Asia por algún estrecho de poca extensión, se ha podido pasar á América: también se ha podido pasar á este Continente por el Estrecho de Magallanes, que sólo tiene dos ó tres leguas de largo, ó por el de Le Maire, más al Sud, suponiendo que esa tierra austral haya sido habitada."
El Dr. Pickering, en su obra Races of Men, pág. 299, observa que "existen dos vías por las cuales los inmigrantes á las Indias Occidentales ganaron los confines del Océano Pacífico: la una es por la Micronesia (una de las cuatro grandes divisiones de la Oceanía, entre la Polinesia al este, la Melanesia al sud y la Malesia al oeste; sus principales grupos ó archipiélagos son las Marianas, las Carolinas, Marshal y Gilbert); la otra es por los archipiélagos de la Papuasia (ó Nueva Guinea, grupo de dos grandes islas de la Oceanía, en la Melanesia, al norte de la Australia)."
El Dr. Hyde Clarke, en su obra Researches in prehistoric and protohistoric comparative philology, in connection with the origin of culture in America, pág. 41, opina que "en atención á las condiciones geográficas, es probable que los inmigrantes á las Indias Occidentales hayan tomado dos rutas: la una, por las corrientes y las islas del norte; la otra, por las corrientes y las islas del sud." En otro lugar, pág. 19, opina el mismo autor: "Se puede colegir que las primeras inmigraciones (las de las razas Caribes) han pasado por el Estrecho de Berhing, y las últimas (las de la raza Súmera) han pasado por el Pacífico y la isla de Pascuas." Más adelante, págs. 19-20, intenta establecer, por aproximación, la cronología de las inmigraciones á América, diciendo: "Hace tres mil años que la raza Súmera chocó en Asia contra la raza Semítica; sietecientos años más tarde este choque habría tenido lugar contra la raza Ariana...... Si el establecimiento de los Súmeros en Babilonia remonta á cuatro mil años (véase la cronología de la Biblia por Bunsen)[76], su establecimiento en la India habría sido en esa misma época, en el supuesto de que las dos inmigraciones hayan tenido un mismo punto de partida en el Alto Asia, lo que parece indicar la división en Súmero oriental y en Súmero occidental. La ocupación de Indo-China tuvo lugar en seguida, luego la de Java y la de las islas."
El hecho probable, á juicio de los diversos autores ya citados, es que se debe admitir, en atención á las divergencias lingüísticas, que América ha sido poblada desde una época antiquísima, suponiendo que el contacto de la Asia con este Continente, debió tener lugar durante la época del progreso humano caracterizado por el empleo del bronce, á la vez que la ignorancia del uso del hierro. De la identidad de los utensilios de piedra pulida encontrados en ambas secciones del Continente americano, se puede inferir que la inmigración principal se produjo en la época en que la Asia no había aún sobrepasado el Período Neolítico. De allí, que esos autores resumen su opinión con las siguientes conclusiones: 1a Los Americanos, á excepción de las razas esquimal y mongólica, habitaron el Nuevo Mundo durante un lapso bastante largo para cimentar allí varias lenguas y una civilización particular. 2a Por intérvalos de tiempo, nuevos inmigrantes vinieron de Asia, probablemente por mar, trayendo consigo el conocimiento de las artes y ciencias que constituían la civilización de los pueblos de aquella parte del Mundo. 3a No hay prueba alguna que las tres civilizaciones de México, Centro América y Perú se hubieran puesto en contacto con la civilización del Mundo Antiguo, con posterioridad á la Edad de Bronce. Y 4a La corriente de las inmigraciones se dirigió generalmente de la Asia á la América, y en esta última parte la marcha de las tribus se efectuó, las más veces, del norte al sud.
Estas conclusiones nos traen nuevamente á la teoría que venimos sustentando, de que los primitivos habitantes de América son de raza autóctona.
Bastando al respecto las opiniones de los autores citados anteriormente, réstanos agregar, que estamos en vísperas de importantes descubrimientos en el campo de la arqueología americana, pues los científicos trabajos iniciados ya en este sentido por los sabios exploradores Humboldt, Waldeck, Brasseur de Bourbourg, Stephens, Wilson, Schoolcraft, Bollaert, Bingham y otros, no han sido estériles; ni las investigaciones filológicas de los lingüistas Latham, Gallatin y Clark, tampoco han sido infructuosas.
Haciendo, ahora, abstracción de los juicios asentados sobre los primeros habitantes postdiluvianos de América, nos concretaremos á escudriñar los hechos que son más fundados y apoyados en documentos fehacientes.
De las remotas edades prehistóricas y de aquellas que siguieron á éstas hasta cerca de la Era Cristiana, no existe, como lo hemos dicho ya, ninguna fuente de información sobre los primeros habitantes del Continente americano, pues cuanto han supuesto los escritores á este respecto, no pasa de ser meras conjeturas: la historia de esas épocas se ha perdido con el trascurso de los siglos, y todo queda envuelto en la obscuridad y el misterio insondable del tiempo.
El hecho más antiguo que encontramos sobre la llegada de hombres del Viejo Mundo al Continente del Nuevo, data de cuatro siglos antes de la era cristiana. Ultimamente, á principios del siglo XIX, un labriego del pueblo de Dolores, situado á dos leguas de la ciudad de Montevideo, hizo, de un modo casual, un descubrimiento de objetos antiguos de la época del conquistador Alejandro el Magno, rey de Macedonia: efectuando una excavación para trasplantar un arbusto, encontró una piedra sepulcral con inscripciones desconocidas para él, y al alzar esa piedra, vió que ella cubría una bóveda de ladrillos que contenía dos espadas, un casco y un broquel muy oxidados, y también una gran ánfora. Tratando de descifrar la inscripción incompleta de esta piedra y los vestigios que ella cubría, un sabio llegó á leer las siguientes palabras: Alejandro, hijo de Filipo, fué rey de Macedonia, allá en la sexagésima olimpiada de Ptolomeo...... (falta lo que sigue). Sobre los puños de las espadas se hallaba grabado un retrato al parecer de Alejandro, y sobre el casco se veía cincelado á Aquiles arrastrando el cadáver de Héctor, al rededor de los muros de Troya. ¿Débese conjeturar de allí, que algunos contemporáneos de Aristóteles ó de Arquímedes hubieran hollado el suelo que es hoy del Uruguay? En este caso, algunos súbditos de Ptolomeo-Sóter ó de su hijo Ptolomeo-Filadelfo habrían sido llevados, por una tempestad, al medio del Océano y arrojados sobre las costas uruguayas. Admitiendo esta conjetura, sería probable que hubieran sido súbditos de Ptolomeo-Filadelfo, porque el padre de éste empleó sus navíos en la conquista de la Asia Menor, la Grecia, la Fenicia y las islas de Chipre y Salamina, mientras que Ptolomeo-Filadelfo las ocupó en hacer viajes de descubrimientos, siendo posible que en una de esas correrías marítimas algunos bajeles fueran arrastrados á playas desconocidas entonces.