La naturaleza es un libro abierto al investigador y en ella escudriña el hombre las huellas de la raza extinguida con el afán que le domina por conocer los orígenes de la humanidad.

Hace veinte y cinco años se usaba la palabra ante historia para caracterizar los tiempos que han precedido á las anotaciones de los primeros cronistas; pero hoy usamos el vocablo prehistoria; y cuando nos acercamos á los períodos más modernos y de alguna documentación, aunque nebulosa, usamos de la dicción proto-historia.

El punto en el cual los tiempos prehistóricos terminan es variable, según los países. Por ejemplo, para Europa, en lo que se refiere á España, Francia y Alemania, pertenece á la raza de Canstad, á la de Cro-Magnon y á la de Furfooz; viniendo además el cráneo de Neanderthal, exhumado en 1856, y la bóveda craneana de Eguisheim, en 1867, á dar mayor base científica paleo-etnológica á estos estudios; pues la mandíbula de Moulin-Quignon resultó un engaño de los obreros de Abbeville, según el parecer de la célebre comisión de sabios, presidida por Milne-Edwards, que averiguó que dichos obreros pretendieron ganar 200 francos á Mr. Boucher de Perthes. Así, pues, mientras para Grecia y Roma la historia bien conocida de griegos y romanos determina en ellos la cesación de los tiempos prehistóricos; para los franceses vienen á terminar con los celtas; para los españoles con los celtíberos; y para los alemanes con la introducción del cristianismo en la época germánica. De manera que para los griegos la época de los pelasgos sería su protohistoria[[42]]; para los romanos la época etrusca[[43]]; para los franceses la época céltica[[44]]; para los españoles, la celtíbera[[45]] y para los alemanes la germánica.[[46]] Lo que revela la variabilidad é indeterminación de fechas cronológicas sobre este particular, en correlación únicamente con el desenvolvimiento civilizador histórico.

Thomsen[[47]], de Copenhague, en 1836, formuló la ley cronológica del desarrollo de la industria humana, y dividió los tiempos prehistóricos en tres edades: edad de la piedra, en la cual el hombre no conocía los metales y explotó el sílex y las piedras calcáreas; edad de bronce, que vino á sustituir á la piedra en las armas y en los utensilios domésticos; y edad de hierro, que sustituyó á la anterior con la explotación de este utilísimo metal. Y Mortillet[[48]] dividió la edad de la piedra en otros tres períodos sucesivos: eolítico, paleolítico y neolítico. Tres palabras de origen griego, para designar respectivamente el origen de la piedra, la antiguedad de la piedra y las nuevas piedras en las manos del hombre como utensilios. El eolítico es para el período geológico terciario; el paleolítico es para el cuaternario; y el neolítico para el período cuaternario reciente. El primero, por lo tanto, corresponde al origen de la humanidad, y los otros dos á su desarrollo en la nebulosidad de la prehistoria. En la América, la clasificación de Thomsen hay que modificarla, poniendo en lugar de la edad de bronce la edad del cobre, pues este metal fué el qué empezó á sustituir á la piedra en el Continente Americano.

En Puerto Rico pocas personas se han dedicado á recolectar objetos arqueológicos para el estudio del hombre prehistórico. Las primeras colecciones podemos referirlas á la primera Exposición que hubo en el país, el año de 1854.[[49]] En ese primer Certamen de nuestra actividad humana expuso don Jorge Látimer, distinguido comerciante de esta ciudad, entre una variedad de objetos, los siguientes, interesantes para el estudio del hombre indo-antillano:

Un ídolo de mármol negro, jaspeado de verde, encontrado en una cueva de la isla de Santo Domingo.

Tres ídolos de piedra, encontrados en una gruta del interior de esta Isla: dos blancos y el otro negro. Además, un pedazo blanco de un ídolo roto.

Dos cráneos y un pedazo de tinaja de barro cocido, hallados en un cementerio de indios.

Una piedra, figurando la cabeza de una higuana, con cuatro patas, cola y alas.