[178]. De Brosses.—Sur le culte de Dieux fétiches. París. 1760.

[179]. Refiere el padre Gumilla en su Orinoco Ilustrado, t. II. pág 6. [Nueva ed. de Barcelona, 1791] que los indígenas de las riberas del Orinoco, en sus desgracias ó pesares levantaban los ojos al cielo y exclamaban ¡Acayá! Nosotros vemos, en esta exclamación al Espíritu benéfico, á Yuka-já ó Yuka-jú. Enlace de la unidad mitológica de los Aruacas.

[180]. Lucien Adam.—Grammaire comparèe des dialectes de la famille Caribe. París. 1893.

[181]. A los lectores no versados en Filología, les extrañará que en esta interpretación, únicamente nuestra, de la teogonía indígena, derivemos Yukiyu, de Yucajú, el dios de Haytí, como Ioloc de los Guayanos de Jurakán, espíritu maligno indo-antillano. Con un ejemplo nos explicaremos. El dios de los arios [en los indo-europeos] era Dyaus, la Luz celestial: y de ese vocablo y mito religioso, vino el Zeus de los griegos, el Deus de los latinos, el Dio de los italianos, el Dieu de los franceses y el Dios de los españoles. Y del dios Gutha de los teutones, de orígen desconocido, vino el Guth de los godos, el Gud de los daneses y suecos, el Gott de los germanos, y el God de los sajones é ingleses. Dyu-pater de los arios, el Cielo-padre, es el Dyaush-pita de los mismos arios de las riberas del Penjab, el Theos pater, de los griegos, el Jupiter de los romanos, el Tin de los germanos, y el Padre Celestial de los cristianos. Max Müller: Origen y desarrollo de la religión. Lección IV. Los devas.—Estanislao Sanchez Calvo, en su interesante obra Los nombres de los dioses, Madrid, 1884, pág. 263, dice: “El cielo tiene, por todas partes, el nombre de Dios.”

[182]. Las Casas.—Ob. cit. t. v. p. 500.

[183]. Las Casas. Ob. cit. t. V. pág. 433.

[184]. Las Casas, Ob. cit. t. V. pág. 470.

[185]. A. Stahl. Ob cit. pág. 172. Posteriormente, ha publicado el mismo autor un artículo titulado: La religión de los indios domínicos y borincanos, sosteniendo la misma tesis.—Diario El Boletín Mercantil, del 24 de Septiembre de 1905.

[186]. El señor Brau asegura, en la pág. 9, de su Historia de Puerto Rico, New York, 1904, que los boriquenses “creían en un poder sobrenatural, omnipotente é infinito.” Es todo lo contrario, la idea religiosa del indo-antillano, respecto á la Divinidad, era natural, y no sobrenatural, ligando su dios con la naturaleza, en un animismo difuso: idea vaga y confusa, como muy acertadamente afirma el padre Las Casas, perito en teogonías, al decir, que las gentes de aquesta Isla, y todas las de su circuito, tenían delgado, débil y confuso conocimiento de Dios. Como que el panteismo, que es una religión más adelantada, liga aún la divinidad con la naturaleza y las confunde.

[187]. También cae en error el señor Brau, en su citada Historia, pág. 9, al afirmar, que los boriqueños adoraran como deidades los luminares celestes, por seguir á Pedro Mártir de Anglería en sus primeros informes. También Colón, en las anotaciones de su primer viaje, les negaba equivocadamente secta ó idolatría alguna.