El doctor Chanca[[66]], que acompañó á Colón en el segundo viaje á las Indias Occidentales, dice: “La costumbre de esta gente de Caribes es bestial: ocupan tres islas: esta se llama Turuqueira (Guadalupe);[[67]] la otra, que primero vimos, Cayre (Dominica); la tercera se llama Av-ay (Santa Cruz); éstos, de estas tres islas, todos son de conformidad como si fueran de un linaje, los quales no se hacen mal entre sí; unos é otros hacen guerra á todas las otras islas comarcanas; van por mar ciento é cinquenta leguas á saltar con muchas canoas que tienen, que son unas fustas pequeñas de un solo madero.”
Ahora bien, estos dos pueblos, que se disputaban el dominio de las islas antillanas, tenían distinta procedencia. La frase de Ulloa,[[68]] de que “visto un indio de qualquier región, se puede decir que se han visto todos en quanto al color y contextura” ha hecho caer en error á muchos historiadores. También podría decirse que visto un hombre amarillo están vistos todos, y cuánta diferencia hay entre un chino y un japonés. Y visto un negro están vistos todos, y qué desemejanza entre un congo y un cafre. Y volviendo la oración por pasiva, lo mismo pudiera decir el hombre rojo, amarillo ó negro del blanco, y sabido es, arrancando desde las ramas alófila, fínica, semítica y aria, cuantas razas hay entre los blancos. La historia etnológica de la América es más complicada aún que la de la Oceanía; y muchos autores están ya contestes, que el vasto territorio americano no ha sido habitado por una sola raza de hombres.[[69]]
Linneo, al dividir la especie humana en cuatro razas, según las cuatro partes del mundo, se conformó con separar enteramente de los demás al hombre rojo de América.[[70]] Gmelin clasificó á los hombres, según el color de la piel, en cuatro variedades, conservando la cobriza para todas las razas americanas.[[71]] Buffón, formando seis variedades del hombre, dejó al americano enteramente fuera, cuyo sistema siguió Herder y Prichard.[[72]] Pownal colocó á los americanos y mogoles entre las razas blanca y roja.[[73]] Kant aceptó el americano cobrizo.[[74]] Hunter al americano rojo.[[75]] Blumenbach, en sus cinco variedades del hombre, dedicó la cuarta al americano ferruginoso, opinión que siguió Laurance en 1822.[[76]] Cuvier clasificó al hombre en tres razas, dejando al americano fuera, sin quererlo situar en ninguna.[[77]] Moquin-Tandon siguió á Cuvier[[78]]. Dumeril separó al hombre en seis razas y dedicó la cuarta á los americanos.[[79]]
Hasta aquí todos los autores hacían de los americanos una sola raza. En adelante, clasificando mejor, van reconociendo variedad de razas en América. Malte-Brun clasificó al hombre en diez y seis razas: en la décima sexta colocó á los americanos, menos aquellos de las partes más septentrionales, que supuso procedían de otros continentes.[[80]] Bory de Saint-Vicent separó al género humano en quince especies; y en la sexta, la hiperbórea, comprendió todo el norte de América y una parte del Asia rusa; en la séptima, la neptuniana, reunió los americanos de California á los de Chile, en unión de peruanos y mejicanos de las costas occidentales; en la novena, la colombina, puso los habitantes de la Florida, los caribes de las Antillas, los naturales de una parte de Méjico, de Tierra Firme y las Guayanas; en la décima, la americana, situó todos los habitantes de la América meridional, menos los de la parte oriental y de las partes ya citadas; en la undécima, la patagona; y en la décima cuarta, la melaniana, los habitantes de la tierra del Fuego.[[81]] Esta labor de Bory de Saint-Vincent, aunque defectuosa, tiene la utilidad científica de que ya no se veía á los americanos con los cristales de Ulloa, de que visto uno estaban vistos todos.
D’Orbigny recorrió la América meridional, desde los años de 1826 á 1833, y opina, que los territorios recorridos por él, ó sea el Brasil, la República oriental del Uruguay, la Argentina, la Patagonia, Chile, Bolivia y Perú, estaban ocupados por tres razas: la ando-peruviana, la pampeyana y la brasilio-guarianana, comprendiendo en ellas treinta y nueve naciones distintas.[[82]]
La raza brasilio-guaraniana cubría toda la parte oriental de la América meridional, desde las Antillas menores hasta el Plata. Ocupaba el Brasil, el Paraguay, lo que se llamó las Misiones, las Guayanas y las islas de Barlovento. De manera que para este sabio investigador los habitantes de las Antillas menores, los Caribes, procedían de los Guaranís del continente meridional y habían destruido á los habitantes de dichas islas al apoderarse de ellas.[[83]]
El abate Brasseur de Bourbourg opinaba, que los americanos procedían de los Cares, que tuvieron gran poder en Asia, Africa y Europa; que de ellos procedían los Guanches de las islas Canarias, los Berberiscos del norte africano y también los Caribes é Indo-antillanos.[[84]] Esta opinión cae por su base, pues tanto los guanches como los berberiscos son blancos trigueños y los caribes é indo antillanos oliváceos canelas. Aquellos, en su índice cefálico, dolicocéfalos (cabezas alargadas), y éstos, casi todos sub-braquicéfalos ó mesaticéfalos (cabezas redondas ó medianas). En el sistema piloso, aquellos barbudos, más ó menos, y éstos barbilampiños; y en el índice nasal, aquellos leptorrinos (narices alargadas) y éstos mesorrinos (narices cortas). Lo demás que nos refiere dicho abate, de los hermanos Tupí y Guaraní abordando á las costas del Brasil, después de una gran inundación, es una leyenda. Y más desacertado está este autor, en sus investigaciones históricas é interpretaciones de manuscritos mejicanos, cuando asevera, que los hombres americanos salieron de la isla Boriquén á poblar la América, convirtiendo de golpe y porrazo nuestra ínsula en el paraiso terrenal indio, de donde salieron los indígenas Adan y Eva de su leyenda. Lo cual, como idea ingeniosa, no es nueva, pues ya la tenemos apuntada en la leyenda haytiana, que nos narra Fray Román Pane, pero atribuyendo el cuento á la inmediata Quisqueya.[[85]]
Es de creer, que Brasseur de Bourbourg se apoyaba en Retzius, que agrupaba los aborígenes americanos en dos grandes divisiones: una, ocupando el oeste, la braquicefálica; y la otra, el este, la dolicocefálica; y ésta procedente de guanches y berberiscos.[[86]] Virchow ha demostrado que tal clasificación es insostenible, porque los cráneos redondos y alargados se encuentran en ambos lados del continente americano[[87]]: aunque Topinard quiso explicar la hipótesis de Retzius, suponiendo que el autóctono es el esquimal, arrinconado por una raza braquicéfala venida del Asia.[[88]]
El profesor Broca piensa, que se ha exajerado mucho la unidad de las razas americanas. Para establecer la pluralidad de ellas, entre otras pruebas, atribuye el autor una gran importancia al color de la piel, puesto que se encuentra entre los americanos tintes muy constantes y muy diversos, desde el blanco hasta el casi negruzco, más pronunciado aún que el de los mulatos.[[89]]
Humbold notó, que no había raza en el mundo que tuviera el frontal tan inclinado hacia atrás como la de los americanos; y en la cual la frente fuese tan pequeña. Haciendo observar que la pequeñez de la frente estaba compensada de alguna manera por su longitud, que es generalmente grande.[[90]]