El activo Cedeño desembarcó en Tierra Firme, en el lugar llamado Maracapana. Corría el año de 1536. El impetuoso Capitán saltó en tierra con 170 hombres y 20 caballos. Pudo atraer á sus banderas la gente que era de Ortal, y reunió un fuerte escuadrón de 400 hombres y 98 caballos. Los indios de Maracapana eran todos pacíficos Aruacas. Los tenientes de Cedeño penetraron tierra adentro, en territorios que no eran de su gobernación, pues ya sabemos que esta se limitaba exclusivamente á la isla de Trinidad, y se dedicaron á la guerra de montería humana, á la caza de infelices indígenas, regresando á la costa, donde les esperaba Cedeño, con unas 450 piezas, entre chicos y grandes.

Mientras Cedeño salteaba indios en Tierra Firme, para venderlos á los mineros de La Española y San Juan y á los pescadores de perlas de Cubagua, Ortal se quejaba á la Real Audiencia de Santo Domingo de las usurpaciones del ambicioso Contador de Puerto Rico, y el Supremo Tribunal dominicano envió al lugar de la disputa á su propio Fiscal el licenciado don Juan de Frías, como juez en comisión, para dirimir la contienda. Cedeño, que era hombre de pelo en pecho y audaz á toda prueba, retuvo preso al Fiscal de S. M.; y en tan crítica situación, sólo la inesperada muerte de Cedeño vino á poner término por un momento á estos escándalos de Costa Firme. Hemos hecho hincapié en estos relatos para que se vea patente la comprobación de los pacíficos Aruacas y los indómitos Caribes, en Venezuela.

La expedición de Ojeda, en 1499, confirmó todas las observaciones de Colón respecto á los indios de Paria y sus hábitos bondadosos y hospitalarios; viniendo á darse Ojeda con los terribles Caribes en el lugar llamado hoy Punta de Chichiriviche. El viaje de Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra testimonió tambien que los naturales de Curiana y Cumaná eran pacíficos y generosos Aruacas. Niño y Guerra fueron rechazados también en Chichiriviche, al igual de Ojeda; pero en otros sitios hicieron tranquilamente valiosos rescates en perlas. Los segundos viajes de Guerra y Ojeda fueron de rapiña. Ojeda saqueó traidoramente á los Aruacas de Curiana, después de haberse hecho guaitiao (amigo) de ellos; y Guerra se atrevió hasta llevar indios esclavos á España (1501), cuyo cargamento de carne humana el gobierno le obligó á restituirlo á las Indias, como hizo Isabel la Católica con el que remitió Colón de haytianos. La mayoría de estos conquistadores de Tierra Firme pereció á manos de los terribles Caribes.

La culpabilidad de esta inhumana cacería de indígenas, que se hacía en Venezuela, correspondía á los empleados de Santo Domingo y Puerto Rico, que faltos de brazos para el laboreo de las minas, por la desaparición del indo-antillano á consecuencias de la ruda labor, del mal trato y de la escasa alimentación, recurrían al Gobierno para que les permitiera traer indios del inmediato Continente, agotadas ya las otras islas del Archipiélago. El Rey concedió se esclavizaran los indomables Caribes y todos los que no quisieran recibir de paz á los Christianos. Levantada la compuerta, el torrente se desbordó; y los más audaces se fueron á Roma por todo. Este escandaloso é inhumano tráfico, ocasionó, como era natural, la desaparición primero de cuarenta mil pacíficos isleños de las Bahamas; y después, el desastre de los bondadosos Aruacas de la península y golfo de Paria y costas de Cumaná; salvándose de esta destrucción horrenda los indígenas que pudieron acogerse á los intrincados y cenagosos territorios del Delta del Orinoco; de cuyos fugitivos Aruacas descienden los actuales indios Guaraúnos.

Vamos á aducir más comprobantes sobre nuestra opinión, de que había dos pueblos importantes, los Aruacas y los Caribes, en Venezuela, en el período colombino.

En 1518 escribía el licenciado Zuazo, desde la ciudad de Santo Domingo, á Monseñor de Xevres, del gobierno del Emperador, y pedíale, entre otras cosas, para el remedio de las Indias, lo siguiente:

“Hay necesidad también de que los Caribes de Tierra Firme, que comen carne humana, se puedan traer por esclavos á esta Isla, porque viven bárbaramente. Señálese el lugar donde se puedan traer, que ha de ser junto á nuestros guaitiaos, que quiere decir nuestros amigos, ó que están de paz en servicio de S. M. Los Caribes se los comen é hácenles mucho daño. Aprovecharse han dos cosas desto, la una es que esta Isla será muy aprovechada de gente, que es bien menester, porque los indios della van de caida. La otra es, que nuestros guaitiaos serán favorecidos é defendidos, cuya defensa é amparo será ocasión del rescate que ahora hay con ellos de perlas; é para que otros pueblos é comunidades se junten con los dichos guaitiaos, viendo la honra que se les hace por los castellanos, é como los defienden é amparan de sus enemigos.”[[112]]

Completaremos este estudio é investigación sobre los Aruacas y los Caribes del inmediato continente meridional con el Informe hecho en 1520 por el licenciado Rodrigo de Figueroa acerca de la población india de las islas y costas de Tierra Firme y la sentencia que dió en nombre de S. M. Dice así el importantísimo documento:

“Por mí, el licenciado Rodrigo de Figueroa, juez de residencia é justicia mayor desta isla Española é juez de la Audiencia Real de las apelaciones, en estas partes; é repartidor de los caciques é indios desta dicha Isla, por la Reyna é Emperador, nuestros Señores;

Vista la Instrucción á mí dada por la Majestad de la Reyna é del Emperador, nuestros Señores, en que me mandan haber larga información de las islas é parte de Tierra Firme, en que los indios é pobladores dellas son Caribes, é pueden, é deben ser de los chrystianos traidos é tenidos por esclavos, é que dello haga declaración por sentencia;