Cuando se separaron esas tribus primitivas, allá en la noche de los tiempos pre-colombinos, opinamos nosotros que aún eran nómadas en Tierra Firme. Asegura Ihering[[243]], siguiendo á Schleicher[[244]], que el pueblo ario, en la época en que el pueblo hijo se le separaba, había vivido por lo menos diez mil años. Y que en ese tiempo había llevado una vida vegetativa en un ínfimo grado de cultura y civilización, sin conocer la agricultura, ni los metales, usando hachas de piedra y lanzas de madera.
Igual debió haber ocurrido con el pueblo Guaraní en la América meridional, en sus primitivos tiempos, dando origen á innumerables tribus, que se iban extendiendo á lo largo de las riberas de los ríos y por sus afluentes, penetrando en los extensos valles, para no entenderse luego; y, cuando los intereses materiales de la vida fueron encontrados, hacerse cruda guerra de exterminio, en la lucha por la existencia. Por eso, al asentarse en las islas las tribus que cruzaron el mar, empezó en ellas la necesidad de nuevos vocablos para aplicarlos á las cosas nuevas; y entonces el caribe insular llamó á su choza tubana, cuando el aruaca insular, que le había precedido en la ocupación del Archipiélago antillano ya la había llamado bojío. Y cuando el indo-antillano aruaca tuvo necesidad de agrandarla, llamó barbacoa á la ampliación del rancho y el caribe la denominó ajupá. En cambio, vemos que á sus embarcaciones continuaron llamándolas canoas unos, y canuas los otros; y al mar bagua los de Boriquén y balana los de las islas de Barlovento.
El lenguaje indo-antillano aruaca era rico en vocales y de muy dulce conversación, al decir del gran Almirante.[[245]] Nuestro aborigen tenía una aspiración por estilo de la de los árabes y los cronistas españoles la fijaron en sus anotaciones mediante la letra h. Este signo puesto por los historiadores en las palabras indo-antillanas tiene su valor fonético lo mismo al principio del vocablo que interpuesto en él; aunque nosotros, hoy día, no la pronunciamos en algunas palabras que han pasado al uso común, y en otras sí. Aún conservamos los vocablos indo-antillanos bohío, bihao, dahao, duho, pitahaya y otros más, escritos con h, para fijar la aspiración india, y que se pronuncian bojío, bijao, dajao, dujo y pitajaya. En la Carta de Colón escrita en el mar, cuando regresaba el Descubridor de su primer viaje, y que envió desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos, se lee: “A la primera isla que yo fallé puse nombre San Salvador, á conmemoración de Su Alta Majestad, el qual maravillosamente todo esto ha dado: los indios la llaman Guanayaní.”[[246]]. Después, se ha escrito siempre por los cronistas Guanahaní. Vése por la cita, que hacemos, que Colón trató de fijar con una y griega la aspiración india. Que los conquistadores se fijaron en este modo de hablar de los indo-antillanos lo confirma Pedro Mártir.[[247]]
No existe nada en la naturaleza que tenga más vida que las palabras; y para llegar á poseer tal vitalidad ha debido el lenguaje estar en un estado de fluctuación ó indecisión hasta llegar á constituir un verdadero organismo. Hoy podemos admirar la diversidad que existe en el modo de expresarse, por medio de las palabras, entre unos y otros pueblos; pero, con un detenido examen, se pueden señalar los jalones de una marcha evolutiva, llegando hasta encontrar las tres grandes divisiones del lenguaje: el monosilabismo, como en el chino; la aglutinación, como en el malayo; la incorporación, como en el basco ó éuskaro; el polisintetismo, propio de las lenguas indo-americanas; y la flexión, correspondiente á los idiomas indo-europeos y semitas.
El lenguaje indo-antillano, por lo poco que conservamos de él, debemos considerarlo en el período de aglutinación y polisintetismo. Había atravesado el monosilabismo, ó primer medio que los hombres han tenido para comunicarse sus afectos, sus necesidades y sus ideas, prescindiendo de la mímica y de la onomatopeya.
He aquí una frase del lenguaje indo-antillano. Solicita de amores un haytiano á una india, estando ésta en un templo católico: la india lo rechaza con las siguientes palabras: Teitoca, teitoca, teketa cynatu guamíkení, que significa: Estate quieto, estate quieto, que el señor de tierra y agua se enojará mucho. El enamorado indio le contestó Guaibá, cynatu makabuca guamíkení, que quiere decir: Véte, ¿qué me importa que el señor de tierra y agua se irrite?
En la frase citada se comprueba la aglutinación en teitoca, estate quieto; guamíkení, señor de tierra y agua; y makabuca, qué me importa.[[248]]
De la aglutinación pasó el lenguaje indo-antillano, como todas las lenguas indo-americanas, al polisintetismo. Un ejemplo de polisintetismo en castellano tenemos en usted por vuesa merced y en hidalgo por hijo de algo. En el lenguaje boriqueño tenemos Guayama por Guayarama[[249]], en Canuy, el actual Camuy, por Canuaní[[250]], y Guanajibo[[251]], por Guasabánaniabo.
En las investigaciones del lenguaje indo-antillano todo es tinieblas; no nos queda un dialecto siquiera, que pueda servir de apoyo para rectificar nuestros estudios. Unicamente palabras sueltas, ya designando un árbol, una comarca ó un río, ya el nombre de un cacique, alguna que otra palabra recogida por los cronistas y dos ó tres frases. Todo esto lo hemos recopilado con paciente labor. No para reconstruir un lenguaje, lo cual es imposible; pero sí para el estudio y averiguación de sus raices, temas y desinencias. El estudio de los elementos de un vocablo es el estudio de la formación de la palabra. Esta labor nos ha dado el rico fruto de poder fijar el origen del indio boriqueño; su diferenciación del caribe insular; su primitiva procedencia de tribus aruacas; y el entroncamiento del caribe y del aruaca en el guaraní de la América meridional.