Todavia encontramos en los trabajos de Sagot, Hernhutes de Zittau y Schulz las palabras cabuya, calichi, burén, conuco, hamaca, maisí, siba, , ají, maraca, canoa, iguana, manaca, y otras muchas significando lo mismo que en el lenguaje boriqueño. Así, pues, la Filología viene á ayudar á las crónicas y relaciones de Colón, Ojeda, Las Casas, Oviedo, Bastidas y Rodrigo de Figueroa, para dilucidar, que los indo-antillanos autóctonos descendían de los Aruacas del Continente meridional.

Vamos á probar también, con el auxilio de la Filología, que el pueblo boriqueño tenía común origen continental con el pueblo caribe de las islas de Barlovento; á pesar de ser dos pueblos, que se odiaban á muerte; y cuya odiosidad y estado de perpetua guerra trajeron á las islas, desde el inmediato Continente, donde sus antepasados vivieron de igual modo.

Ahondemos en las oscuras profundidades de la prehistoria de cada uno de ellos. Los boriqueños llamaban á su dios tutelar zemí; pues igual denominación le aplicaban los caribes antillanos. El Padre Raymond Breton[[238]] escribe chemij: pero esta ch debe pronunciarse como z ó c. La j final es la consecuencia del vocablo en fermentación fonética: hoy mismo oimos decir Madrí, Madrid, Madriz, y es corrupción del latino Madritum, que á su vez lo es de Matritum, la Mantua Carpetanorum de los romanos. De modo que los dos pueblos, el boriqueño y el caribe, para significar su dios penate conservaba aún la misma palabra, traida indudablemente del Continente inmediato.

Los boriqueños llamaban á su curandero augur bohique. Los caribes lo mismo. Los cronistas escriben boyez. Pero es, sin duda alguna, el mismo vocablo ya corrompido. Bo-y-ez equivale perfectamente á bo-hi-ques. El tiempo trascurrido desde la separación de estas tribus, iba imprimiendo el transformismo fonético en la morfología de las palabras: tanto es así, como que tuvieron lenguas completamente diferentes, y en el mismo Continente meridional infinidad de dialectos.

Los caribes llamaban á su dios protector, según el mismo padre Raymond Breton[[239]], Icheiri; según el padre Labat[[240]], Akambú; y según Champlain, Laborde y Souvestre[[241]] Loucuo. Opinamos, que estos tres vocablos son originados del primitivo Yuká guaraní, al igual que el haytiano Yukajú y el boriqueño Yukiyu.

Analicemos el vocablo Ycheiri que trae el padre Breton: YcheiriYchei-riYquei-riY-ki-riYu-ki-ruYuki-yuYukiyu, el dios bienhechor de Boriquén.

Veamos la dicción Akambú, del padre Labat, AkambúAkam-búYa-kam-júYukajú, el dios bienhechor de Haytí. Ya hemos visto en el Capítulo VII de este libro, como el dios de Haytí, Yukajú, y el dios de Boriquén, Yukiyu, proceden del dios guaraní Yuká.

Descompongamos el vocablo Loucuo ó Luquo de los escritores franceses Champlain, Laborde y Souvestre.[[242]] Lu-qu-o—Yu-ku-o—Yu-ki-o—Yu-ki-ú—Yukiyu, el dios bienhechor de Boriquén.

Al espíritu maléfico llamaban los boriqueños Jurakán, y lo mismo los caribes insulares y los chaymas, tamanacos, cumanagotos, rucuyanos y galibis continentales, con pequeñas variantes fonéticas. A los fantasmas perjudiciales llamábanles, unos y otros, maboyas. Y designaban, al igual, al padre baba, á la madre bibí, á su planta alimenticia yuca, al pan casabí, al sol güey, á la luna nonum, al río tuna, á su embarcación canoa, á su cama colgante jamaca, á sus bebidas fermentadas uikú y xixá, y al cántaro canarí.

Estas voces no podemos decir, que las tomaron los unos de los otros en su trato, comercio ó continuadas guerrillas, pues son palabras fundamentales al lenguaje de toda tribu. Opinamos, que el conservarlas en una y otra habla, revelan que ambos pueblos las han traido de muy lejos, tomadas de una fuente común. Y esta fuente ha debido estar en las tribus originarias, antes de sus respectivas emigraciones del Continente meridional á las islas; porque allí se conservan muchos de esos vocablos todavía y los recogen los viajeros modernos en sus vocabularios; más ó menos desfiguradas las palabras por la acción del tiempo, y la fonética del idioma del viajero. Así pasa con la radical guaraní i significando agua; en unos pueblos la encontramos convertida en , en otros di y en otros , ó con otras vocales ó consonantes agregadas.