Al gran río venezolano llamaban los Caribes Orinoco. Los Aruacas le llamaban Huyaparí. Pero esta voz aparece ya corrompida en los cronicones de la Conquista. La mayoría de los vocablos aruacas de Venezuela, que se conservan, ha permutado la letra b en la letra p, por accidente fonético; y también la letra n en la letra r. Cosa muy natural en un lenguaje cuyas voces no estaban fijadas en escritura alguna. Huyaparí es, por lo tanto, corrupción de Huyabaní, es decir, lugar de mucha agua. Explicación filológica: Huy por juy, equivalente á guay, exclamación de sorpresa, como si dijéramos hé aquí! Ya, sitio ó lugar, por yara. Por polisintetismo no aparecen dos y en el vocablo, ni el ra de yara. Igualmente sucede en ba por bana, grande, mucho. Ní, agua. El vocablo que estudiamos, sin la encapsulación polisintética, sería, Huy-yara-bana-ní, ó sea Huyyarabananí. Y con el polisintetismo Huyabaní, corrompida la palabra en Huyapari.
El nombre de Maracapana es corrupción de Maracabana, es decir Maraca-bana, equivalente á Higiiera grande. El vocablo maraca está en los lenguajes boriqueño y aruaca aplicado á un mismo objeto, á una higiiera, vacía de su endocarpio y demás sustancia interior y llena de pedrezuelas, que la hacen una sonajera, y que servía á los indígenas de instrumento musical. De modo que la provincia de Maracapana era, traducido al español, el territorio de Higiiera Grande. Así tenemos en Puerto Rico, por ejemplo, Sabána Grande, para designar un pueblo puertorriqueño, habiendo unido al vocablo indio Sabána, llano, con la voz española grande. Hoy, ya no se pronuncia la palabra india con el acento en la penúltima sílaba, sino que se ha hecho la voz esdrújula, confundiéndola con la castellana Sábana. En Cuba tenemos también Xagua la Grande: una voz indígena con una española. Esto nos recuerda la construcción de los vocablos greco-latinos.
Maracaibo es palabra aruaca y sus raices todas están en el lenguaje boriqueño. El vocablo Maracaibo significa lugar de higiiera y agua. Explicación filológica: Maraca, higüera; i por ní, agua; bo por abo, lugar. La palabra, sin la encapsulación polisintética es Maracaniabo. Y con el polisintetismo Maracaibo.
Aruaca, tal como se encuentra consignado el vocablo en los cronistas, es una corrupción de Aragua. De este modo se encuentra la palabra original de aquel gran pueblo enclavada aún en su tierra por distintas partes, designando una islilla de la desembocadura del Orinoco, también en uno de los caños del Delta y en su desagüe en el mar, en un río y en unas sierras. Ha prevalecido más, en las crónicas, el vocablo Aruaca; y por eso, lo hemos usado en lugar del legítimo Aragua. Los lectores no muy versados en estos asuntos creerán que nosotros cambiamos nombres para facilitar la explicación filológica. Y no hay tal cosa. Estas transformaciones en las palabras son muy corrientes; así como la elipsis de letras y sílabas, y la metátesis. Zaragoza procede de Cesárea augusta; Lima nace de Rimac; y en nuestra propia islilla y muy moderno tenemos el vocablo Ciales aplicado á un pueblo del interior y es corrupción de es Lacy, apellido de un célebre general español, fusilado en Palma de Mallorca.
Estudiemos ahora filológicamente la palabra Aragua; y tendremos ara por yara, sitio, lugar; y gua, como sufijo equivalente á he aquí; como si dijéramos: he aquí sitio. En nuestro lenguaje moderno, el hogar, la patria. Cuando Pelayo, después de derrotar á los moros, bajó de Covadonga al llano é inició la reconquista del suelo español, su gente le preguntó dónde fundaban población y el caudillo contestó: ubi edo, que quiere decir en latín, donde estoy: de ahí procede el actual Oviedo.
Cumaná, provincia de aruacas, significa, Lugar llano y grande: de cu por cua ó coa lugar; ma, llano; y ná por bana grande. Y Cumanacoa vocablo derivado de Cumaná. Cumaná-coa, sitio de Cumaná.
Cariaco, palabra aplicada á un golfo y á un río, quiere decir Lugar de agua. Ca por gua, he aquí; ri por ní, agua; y aco por coa, lugar. La metátesis de aco por coa es frecuente.
Los que deseen ahondar más en este estudio pueden tomar un mapa de Venezuela y verán inmediatamente por doquiera una serie de nombres aplicados á islas, golfos, ríos, valles y montañas, cuyas radicales y componentes son los mismos del lenguaje indo-antillano. Seiba, Guayabal, Guayo, Cocuisa, Yguana, Yaya, Sipao, por Cibao, Guarico, Guariquén, Yaruma, Guanaja, Caguas, Guiria, etc., son vocablos que se encuentran también en el lenguaje boriqueño; procedentes desde luego del Aruaca; palabras que es lógico congeturar pasaron del Continente meridional al Archipiélago antillano, porque también se encuentran entre los haytianos, quisqueyanos, siboneyes y boriqueños.
Debemos al doctor Sagot[[235]] y á los hermanos Hernhutes de Zittau[[236]] y especialmente al misionero Theodoro Schulz[[237]] bellísimos trabajos lenguísticos sobre el lenguaje aruaca. Como es natural, la acción del tiempo trascurrido, desde que las tribus que invadieron las islas se separaron de las tribus continentales, tal vez muchas centurias, ha originado cambios radicalísimos con el fermento cuotidiano del vocablo en un pueblo del período neolítico, hasta el punto de formarse un habla propia, el lenguaje indo-antillano.
El vocablo indígena, según la filiación nacional del escritor que lo anota, sufre también cierta variante. Un simple ejemplo dará la prueba de lo que indicamos. La sílaba gua, oida por un inglés, anotará en su cartera wa; si la recoje un francés, escribirá goua: si un alemán wa; y si un español ó portugués gua. Así los exploradores, según la educación fonética de sus oidos y el valor de las letras en sus respectivos idiomas, han hecho los Vocabularios de las lenguas indias.