El escritor cubano don Juan Ignacio de Armas opina[[227]], que no ha existido un idioma general en las Antillas, lo cual está en abierta oposición con lo que nosotros afirmamos, apoyándonos en el estudio de los Cronistas. Es verdad, que las Antillas son islas desparramadas en el Océano, como dice el señor Armas; pero ésto no fué un impedimento para que fueran pobladas por individuos procedentes de unas mismas tribus y de idéntico origen étnico; y después mantuvieran siempre entre sí ciertas relaciones, con el auxilio de sus canoas. El dialecto mallorquín y el dialecto catalán, proceden de la lengua lemosina y á pesar de estar separadas las islas Baleares de Cataluña, los dos dialectos conservan la unidad de la lengua madre.

No faltan, en nuestros días, quienes digan, por ejemplo, que lucayo, viene de la dicción castellana cayo; que los españoles vieron las chozas de los indígenas en forma de cono y las llamaron conucos; que caney procede de cana; maíz se origina en mahizo; y los vocablos ají y cacique vienen del árabe; cocuyo y seboruco, del latín; Anacaona y Baracoa, del vascuence, etc. Los que de tal manera opinan abrevan en las fuentes de Juan Ignacio de Armas. Manera muy socorrida y original de hacer semejantes estudios etimológicos en voces, que algunas están corrompidas por el uso, y otras presentan similitud de sílabas idénticas y de pronunciación parecida con voces de nuestros idiomas.

Vamos á echar por tierra semejante modo de razonar con tres ejemplos. Esos mismos etimologistas, al leer nuestra geografía boriquense y hallarse la palabra Caguas, dirían enfáticos, que esta voz procede indudablemente de la castellana agua. Al hojear la historia de Méjico y tropezarse con Cuernavaca asegurarían firmemente, que se trata de un vocablo compuesto de dos voces castizas cuerno y vaca. Y al oir á nuestros campesinos llamar á un fruto del país tallote, rotundamente sostendrían, que el neologismo se había originado en el genuino y castellano tallo. No teniendo en cuenta al hacer tales afirmaciones, que los conquistadores y pobladores de Indias adaptaban á su idioma los vocablos indígenas como mejor les parecía y más fácil se les hacía su pronunciación.

He aquí las pruebas de nuestro aserto. En la relación ó extracto de una carta que escribió el conquistador Diego Velazquez, teniente de gobernador en Cuba, á SS. AA. sobre el gobierno de ella, el año de 1514[[228]], se lee el siguiente párrafo, donde se ve claramente que Caguas es palabra indo-antillana: “Y que de todo lo susodicho fué capitán un indio de la isla Española, criado intérprete del cacique Yacahiiey, que se decía Caguax, el qual ya es muerto.” Y para comprobar que el mismo vocablo es boriqueño, véase la distribución hecha por Ponce de León de los caciques y labranzas del Boriquén, en 1510, para ocurrir á los gastos de la incipiente colonia, y se verá que el cacique Caguax, con su ranchería junto al río Turabo, correspondió en venta á Francisco de Robledo y Juan de Castellanos.[[229]]

Para asegurarnos que la dicción Cuernabaca no es más que la evolución y cristalización castellana, por corruptela, de un vocablo mexicano, léase la tercera carta de Hernán Cortés al Emperador Carlos V.[[230]], y en ella se verá designar una población con el nombre de Coadnabaced. Y el capitán Bernal Diaz del Castillo anota en sus célebres crónicas:[[231]] “é otro día fuimos camino de otro mejor é mayor pueblo, que se dice Coadalbaca, é comunmente corrompimos ahora aquel vocablo é le llamamos Cuernabaca”. Otros escribían Quanabuac; siendo el verdadero nombre azteca Quahaunahuatl.

Y respecto á que tallote no viene de tallo, como erróneamente induciría á creer la similitud de sílabas, desaparecen las dudas con la lectura del siguiente párrafo, que también recogemos del mismo Bernal Diaz del Castillo, y que revela el origen mexicano de la palabra. Refiere el capitán narrador, que después de la batalla de Otumba “ibamos muy alegres, é cogiendo unas calabazas que llaman ayotes, é comiendo é caminando hacia Tlascala.”[[232]]. Y cuando refiere el mismo autor, el viaje en que acompañó á Hernán Cortés á la exploración de Honduras, anota: “hallamos cuatro casas llenas de maíz é muchos frísoles, é sobre treinta gallinas, é melones de tierra, que se dicen ayotes.” Con el trasiego de voces y dicciones de las islas antillanas al Continente americano, y vice versa, se importó el vocablo dicho, aplicándolo al fruto del sechium edule. Y de ayotes derivaron los pobladores, chayotes, tayotes, y finalmente tallotes.[[233]]

En cambio, tales etimologistas tendrían por indígenas, por no encontrar dicción ortográfica ú ortológica homóloga, á las palabras plátano, cuando es griega; dita, que procede del latin; zafra, que es arábiga; cobija, siendo castellana; fotuto, de origen italiano; guarapo, que viene del quechúa; etc. Todo lo cual nos indica, que en el campo de las investigaciones etimológicas de las voces indo-antillanas es preciso entrar con pie tardo y suma precaución, para no caer en sensibles equivocaciones.

Si el color rojo de la piel le da derecho al americano indígena para constituir un tipo étnico, un tronco, el polisintetismo único de sus lenguas coadyuva firmemente al sostenimiento de esa tesis. No se debe confundir la aglutinación con el polisintetismo: de aquel se viene á este: y sólo las lenguas indo-americanas son polisintéticas.[[234]]

Los indo-antillanos procedentes de las tribus Aruacas del Continente meridional habían perdido la noción de este origen: lo que es una prueba fehaciente de que esa separación era de fecha muy remota. Desprendimiento de tribus, que con el trascurso del tiempo, dió nacimiento al pueblo indo-antillano y á una lengua propia. El suelo es un gran factor en la génesis de un pueblo. Los idiomas necesitan la lenta acción del tiempo para crearse. Véase, como el español, el francés, el lemosín y el italiano han ido derivándose del latín. De igual modo el habla general indo-antillana se fué formando en las islas del Mediterráneo Colombino, conservando, empero, enlace filológico con el Aruaca continental.

El lenguaje es la imagen fiel de la realidad y deja huellas profundas por donde quiera que pasa. Sobre los territorios de Venezuela vamos á investigar algunas de las huellas del lenguaje de los Aruacas y á interpretarlas en harmonía con los restos del habla indo-antillana, que poseemos, lo que probará su enlace.