Scipión Doria fué del parescer de Cigala y algunos otros que allí estaban.

Estando en el Consejo, vinieron el General de la Religión y Sicilia, y fueron del parecer de Don Sancho. En estos dos pareceres se resolvieron todos, aprobando unos el parescer de D. Sancho y otros el de Cigala. Á Joan Andrea paresció bien lo que D. Sancho había dicho, y llamó al patrón de la fragata de Malta y demandóle con qué tiempo había venido y por dónde. Después de habérselo dicho, se aseguraron todos más diciendo que pues el armada no había parescido aquel día, sería ida á Trípol.

El Comendador Guimarán se halló presente á esto. Fué requerido que dijese su parescer, y no quiso, diciendo algunos que no tenían agua para sus galeras y que por esto que no se debían de partir tan presto, por lo que se tornó á altercar sobre los paresceres.

Dijo Scipión Doria que se saliesen 10 ó 12 millas á la mar, y si al día no descubriesen larmada, volverían por la gente y harían su aguada. A todos paresció bien el consejo deste mozo. Acordaron de hacerlo así. Guimarán, aunque no había hablado hasta allí, viendo esta determinación, decía que era muy mal hecho hacer embarcar al Virrey tan arrebatadamente.

Este Guimarán era favorito de Juan Andrea y medio ayo suyo, aunque era harto más discreto el Juan Andrea que él. Este fué siempre torcedor á que tardase allí tanto el Juan Andrea, por complacer al Virrey, porque los Maestres y los Caballeros de Malta han menester tanto los Virreyes de Sicilia, que no pueden vivir si no los tienen contentos. El Cigala, que era de la misma opinión, andaba por reconciliarse con el Virrey, porque aunque al principio aprobaba la empresa, diciendo que no era menester para ella más que pan y paciencia, después anduvo remontado con los demás; y viendo ya que estaban al cabo y que le había menester en Sicilia para cobrar el sueldo de sus galeras, ya siete, y el Guimarán por no tener designio á más de lo que les cumplía, fueron parte á hacer perder el armada.

Guimarán se fué á tierra y dió parte al Virrey de lo que pasaba en las galeras. El Duque vino á las galeras, pasadas dos horas de noche, y dijo que le faltaban por embarcar los tudescos; que les había dado su palabra de no ir sin ellos, y que le diesen los esquifes de las galeras para embarcarlos. Juan Andrea mandó á todas las galeras que inviasen todos los esquifes en tierra, y que si él se levase antes que viniesen, que le siguiesen sin aguardarlos, y que todos guardasen muy bien el agua que tenían.

Juan Andrea se levó, pasadas tres horas de noche y más, para salir á la mar, como habían acordado, sin aguardar los esquifes, y fué causa que se dejase de salvar mucha gente principal que se embarcara en ellos de las galeras que encallaron.

Dende á poco se metió viento de afuera y mar, que no les dejaba pasar adelante, por venir por proa, y por no cansar la chusma dió fondo bien cerca de donde el armada turquesca estaba surta, sin que nuestras galeras ni Scipión, que era de guardia, las descubriesen hasta que era ya el día. Algunas galeras nuestras acertaron á dar fondo junto al armada, y en descubriéndola hicieron trinquetes y se metieron en huída, y así vinieron otras muchas á hacer lo mismo, de mano en mano; y siendo ya todas á la vela, trabajaban por salir á la mar, teniéndose á la orza cuanto podían, por hallarse muy dentro y sotavento del armada de los enemigos.

Como los turcos vieron huir nuestras galeras tan derramadas, sin orden ninguna, hicieron vela sobre ellas, y como venían en popa, ganábanles mucho camino, y la Real, viéndose tan dentro á tierra que no podía salir á la mar, hizo el caro para entrarse por el canal al fuerte. Siguiéronla 26 ó 27 galeras y las 4 galeotas. Tomaron dellas los turcos las 18 ó 19. La Real encalló tan lejos del fuerte, que no se pudo favorecer dél. Las galeotas y otras tres galeras ligeras se entraron por el canal hasta surgir en el reparo, sin perder nada. La patrona de Sicilia y otras dos galeras de las de aquel reino se perdieron muy ruinmente por desampararlas, así los capitanes dellas, como los de infantería que iban allí con sus soldados, aun encallado tan cerca del fuerte que no podían llegar á ellas sino con esquifes, porque la artillería dél hacía estar á largo las galeotas de los turcos que las habían seguido. Como las desampararon, huyéronse los más de los esclavos y forzados dellas y saqueáronlas. Ayudáronles á ello los mismos marineros con muchos esquifes y fragatas que entendían en este servicio, sin haber quien se lo estorbase ni castigase. La Condesa, que había encallado junto á éstas, combatió todo el día muy bien, disparando artillería á las galeotas y á la Real, que estaba ya por los turcos. Á la tarde, con la creciente, se entró ésta con las demás en el reparo, y salieron dos galeotas de las nuestras por ver si podían recobrar una galera; y después de haber disparádose artillería de una y otra parte, se tornaron sin osar llegar á las manos. A una galera del Marqués de Terranova, que la habían desamparado como las otras, se metió fuego, porque no se aprovechasen della los turcos. Estaba llena de olio soto, cubierta y embarazada con lana y mercancías. Desta manera iban las más de nuestras galeras, que tuvieran trabajo escapar puestas en caza, aunque las de los enemigos eran tales, que no había en todas 20 galeras ligeras para poderlas alcanzar.

Las galeras que se tuvieron á la mar se escaparon. De las naves se perdieron nueve de las más pequeñas; parte dellas había ya desamparado la gente, y pasádose á los galeones y naves gruesas que iban bien artilladas. Nenguna destas se perdió, ni de otras que quisieron pelear. Una nave arragucesa peleó muy bien: dió un cañonazo á una galera que la seguía, que le llevó 19 remeros y cinco soldados, y viendo esto los demás, se alargaron della. Á otra daba caza el Bajá, después de haber tomado una galera. Disparó un cañón que le pasó por entre los fanales, que espantó á Dramuxo, Arráiz y Cómitre Real, y le dijo qué quería hacer de aquélla, si quería perder de gozar de la victoria que había habido. Los galeones fueron siempre disparando artillería á las galeras que los seguían, haciéndolas estar bien largas dellos, sin perder de hacer su camino.