Aquella misma tarde, acabado de recoger su campo, comenzaron á tirarnos con dos piezas de artillería por la parte de poniente. Tomaban de una marina á otra en torno del castillo, ocupando harto más sitio del que podían guardar con la gente que ellos traían. En tanto que ellos estuvieron desta manera, hobo grande oportunidad para aprovecharnos dellos, si en nosotros hobiera juicio y valor para intentarlo, teniendo como teníamos gente para poder darles la batalla, aunque fueran hartos más de los que eran, porque sin la gente que había de quedar en el fuerte, quedaron los tudescos y compañías de italianos y españoles que estaban por embarcar, sin otros muchos que habían salido de las galeras que se perdieron y la gente que tenían las siete galeras y cuatro galeotas que allí estaban. Con todo esto nos sitiaron, y ganaron los pozos aquel día.

La pérdida de estos pozos fué toda nuestra ruína, porque si los manteníamos, como era razón que se hiciera, no se nos muriera la gente de sed ni se huyera á los enemigos. Fué muy gran bajeza perderlos, teniendo gente demasiada para guardarlos, estando tan cerca como estaban del fuerte y tan descubiertos para favorescer la gente que allí estuviese, con la artillería dél, estando, como estaban, quinientos pasos del fuerte. D. Bernaldino de Velasco dió voces sobre que se guardasen; el Capitán Clemente, siciliano, que es un valiente soldado, y de los que mejor entienden la fortificación, se obligaba á guardarlos con 500 hombres. Pudiéransele dar 2.000 y quedar el fuerte con más gente de la que había menester, y cuando bien éstos se perdieran, viniérales á faltar á los enemigos gente y tiempo para poder sitiar la fuerza: como no se sintiera en ella la falta de agua que hubo, no eran parte seis tantos turcos á tomarla. Toda la gente que allí había quedado se pudiera muy bien entretener con las municiones que quedaban en el castillo, de comer, porque para 2.000 hombres que allí habían de quedar en la fuerza, les quedaba de comer para diez y ocho meses, y dos cisternas de agua, la una con 18.000 barriles y la otra con 13.000, sin palmo y medio que tenía ella de agua cuando se comenzó á hinchir. Esta más pequeña estaba dentro del castillo. Sin tener más agua que ésta nos encerramos, con darse de ordinario 5.500 raciones, sin mucha otra gente á quien no se daba ración.

El Capitán de las galeotas del Duque vino á D. Alvaro á pedirle de comer para la gente dellas ó licencia para irse. Respondióle que no tenía que darle, y en lo de la licencia hiciese lo que quisiese, que él no entendía cosas de mar ni era marinero. Hallándose allí acaso Charles de la Vera, le dijo que pues al Duque no había quedado otra cosa que aquellas galeotas, que las remediase, porque no fuesen á perderse. Respondióle muy enojado que las remediase él; que el Duque se había ido y dejádole allí; que era un hombre remiso y su secretario flojo, no acababa nunca de concluir cosa, y así fué discurriendo por el mayordomo y los demás, tachando á cada uno de lo que le parescía.

Viendo esto el Capitán, que ya no había donde hacer agua, se fué otro día con sus galeotas y otras dos que había allí: una de D. Luis Osorio y la otra de Federico Stait. La de Stait se perdió por no seguir la conserva, habiendo ya escapulado el armada. Fué mal empleada la pérdida en su patrón, porque fué el que mejor se trató de cuantos sicilianos vinieron á ella. Dende á pocos días, queriendo hacer lo mismo la Condesa del Príncipe y otra de Vindinelo, y alistadas ya y puestas en orden para partir, se les fué un esclavo y dió aviso á los enemigos, por lo que se dejó la ida.

A 2 de junio, primero día de Pascua de Espíritu Santo, salieron por la parte de Levante 600 hombres de todas naciones, y llegados á las trincheas de los enemigos, se las ganaron, matando y hiriendo muchos, hasta hacerles desamparar el artillería. Enclaváronle dos piezas della, con punteroles, por no llevar recado de otra cosa. Pudiéranles quemar la pólvora: no osaron hacerlo por no quemarse ellos también. Pasaron adelante secutando la vitoria hasta llegar cerca de la tienda de Dragut. Entrando en otra que estaba junto á ella, mataron muchos turcos, entrellos un hombre principal. Súpose después que era el Sanjach Bay de Negroponte. Todos iban huyendo, si no por unos turcos principales que los hicieron volver á cuchilladas, diciéndoles la poca gente de que huían, porque aún no habían llegado todos los que habían salido al efeto; y de los que entraron, hobo algunos que por embarazarse á robar, dieron lugar á que los enemigos se rehiciesen y degollasen muchos de los nuestros, los que mejor habían peleado y más se habían adelantado siguiendo los enemigos, y así ellos, al retirarse, que se retiraron los nuestros, los siguieron animosamente hasta meterlos en el fuerte, donde quedaron muchos turcos muertos á la marina, junto al muro del caballero Gonzaga. Murió este día el Conde Galván, placentín, y el Capitán Carlos de Haro, peleando como muy valerosos Capitanes. También murió Uncibay, Alférez de Galarza, con muy buenos soldados de su compañía, que entraron con él en la tienda del Visorrey de Negroponte. Era un muy valiente hombre este Alférez, y así peleó este día como tal.

Esta salida se conoció claramente el efeto que se hobiera hecho á haber salido 2 ó 3.000 hombres á pelear con los enemigos, porque si este día reforzaran con otros 1.500 ó 2.000 hombres más, no hay que dudar sino que era nuestra la vitoria. Después de retirada esta gente, dijo D. Alvaro al Capitán Galarza que se había dejado ganar la mano derecha de Carlos de Haro al estar por las trincheas de los turcos; que no había guardado la orden que le dió. El Galarza respondió que ninguno podía decir con verdad que había pasado á pelear delante dél, ni ganádole la mano; y á lo que decía de guardar la orden, que no le había dado orden ninguna. D. Alvaro le dijo que se fuese y que no respondiese otro día tan aficionadamente.

Esto de la orden paresce que se conforma con lo que dicen los soldados que salieron aquella mañana. Estando ya á la trinchea de los enemigos, se afirmaron un poco. Viendo esto los soldados, dijeron á los Capitanes: «¿Qué hacemos que no pasamos adelante? Asaetearnos han aquí los turcos, habiéndonos descubierto.» Respondió Carlos de Haro que no tenía orden para más. No pensó D. Alvaro que esta gente llegara donde llegó, ni que pasasen de las trincheas, pues no les tuvo socorro para pasar adelante. Este Capitán Galarza era un buen soldado, y sacó dos arcabuzazos en la rodela, y dende á pocos días le mataron en el caballero de San Juan de un arcabuzazo.

Desta salida comenzaron los enemigos á recogerse más y fortificarse con trincheas altas de tierra y fajina, y enviaron caballos y gente de pie al paso de la Cántara, por donde se entraba de tierra firme á la isla, creyendo que esperábamos socorro del jeque ó del Rey de Caruán.

A los 3 de junio hizo un calor tan excesivo y ardía tanto el sol, que teníamos por cierto que era fuego que los enemigos habían puesto á la campaña; y como había cuatro días que eran perdidos los pozos y no habían aún comenzado á dar agua de ración, padescióse tanto de sed, que murieron más de 50 hombres, sin más de 300 que quedaron muy al cabo, tendidos en tierra, dando voces por agua. Verdaderamente fué inhumanidad grande de Barahona dejar morir aquella gente, pudiéndola remediar con bien poca de agua.

Deste día hicieron principio de pasarse muchos á los turcos, y vinieron tantos á desvergonzarse tanto en la ida, que se habían huído más de 500 y muertos otros tantos y más de sed, porque los que no tenían ración, y algunos que no les bastaba dos cuartuchos de agua que daban, iban á beber á una gruta de una agua salada que había en ella, que mató á todos los que la bebieron. Corrompíalos, quitándoles la gana de comer, y los ponía secos, y así se iban consumiendo sin poderles dar remedio.