2. Habiendo vuelto de Nápoles de Lombardía el año de 1559 por el mes de junio, de tomar la posesión de los cargos en que allí V. M. me mandó servir, y hallándome en Pauín [así] con mi mujer y casa, determinado en reposando algunos días venir en Spaña á besar á V. M. las manos y pedille merced por mis servicios, llegó á Milán el Comendador Guimarán con una su orden para el Duque de Sessa, para que de la infantería spañola que allí había diese mil y quinientos hombres para que fuesen á servir á la empresa de Trípol, que V. M. mandaba se hiciese, y á mí me mandó servir y ordenó que tomase la dicha gente y que con ella y con otros 2.000 españoles de los de Nápoles, del cargo de mi coronelía, que mandaba al Duque de Alcalá me diese, fuese á servir en la dicha empresa, y que en Génova, por su orden, se adrezarían naves en que pasase la gente de Lombardía.

3. Succedió en este tiempo la muerte del Rey Enrique de Francia, y aunque el Duque de Sessa estaba determinado dar los mil y quinientos hombres que V. M. le mandaba, y andaba procurando el pagamento della para expedirla, parescióle que de la muerte de Enrique podrían nascer algunas novedades, é que no era bien hasta tener otra orden de V. M. desguarnecer aquellas plazas y estado, y así el dicho Duque tomó esta resolución conmigo.

4. Paresciéndome que en el medio que llegaría la nueva orden de V. M. yo podría ir á Nápoles y Sicilia á entender de los Virreyes de aquellos reinos, del de Nápoles, si era su voluntad dar la gente, y del de Sicilia, para saber dél lo que mandaba, vista la dificultad que el Duque de Sessa ponía en dar la suya, y así lo puse por obra y fuí á Nápoles, adonde hallé á D. Sancho de Leyva y al Comendador Caldes, que había ido de parte del Duque de Medina á solicitar la ida de la infantería y á pedir cierta artillería, municiones é vituallas, y habiendo tratado algunas cosas en este particular, él me respondió que daría la gente, que no la diese el Duque de Sessa, y con una galera que me mandó de las del dicho D. Sancho, pasé luego en Sicilia, y hallé que el Duque de Medina Cely, Visorrey della, y á quien se había cometido la dicha empresa, tenía ya hechos muchos aparatos para ella, así de vituallas, artillerías y municiones, como fletado muchas naves para que sirviesen en ella, y me había despachado un correo para que con la infantería española que había de llevar de Lombardía llevase asimismo dos mil y quinientos italianos y procurase recoger dos mil alemanes de los que entonces se licenciaban y los llevase también, el cual despacho no me halló en Milán ni topó en el camino, por haberle hecho yo por mar. Hallé asimismo que el dicho Duque de Medina había mandado levantar gente en Sicilia y Calabria, y paresciéndome quél estaba ya determinado hacerla y que lo mucho que se había gastado y los preparamientos que estaban hechos forzaban á que se prosiguiese en ella, y que para aceptarla y que hubiese buen efecto convenía llevar más gente vieja y plática de la que entonces veía, que era sola la de Lombardía y tres ó cuatro compañías de la de Sicilia[42] y muy poca de la de Nápoles, aprobé la orden que el dicho Duque me había enviado de levantar y traer con la infantería española de Lombardía la alemana y italiana, y con esta determinación y orden volví á embarcarme y fuí á Nápoles y Génova, y de allí pasé á Milán, donde hallé que ya el Duque de Sessa le había llegado nueva orden de V. M. para que diese los dos mil é quinientos infantes, y en el medio que los pagaban, yo hice levantar tres mil italianos y setecientos alemanes en tres banderas, y con ella y la española fuí á Génova, donde, así porque no estaban adrezadas las naves en que habían de pasar los alemanes é italianos, como por contrarios tiempos, me detuve diez y ocho días.

5. Ordenó el Duque de Sessa que la paga de la infantería española se fuese á hacer en Génova, por evitar que no se quedasen algunos soldados después de la paga; y como en aquélla se quisieron reformar las ventajas y se trató de que hubiese algún perdón ó suelta de pagas, la gente se alteró y amotinó, y lo mejor que pude lo pacigué y aquieté, y después de haberla pagado la embarqué en las galeras de Sicilia, con las cuales estaba allí D. Berenguel de Requesens para aquel efecto[43].

É porque en este medio había hecho partir las naves con los alemanes é italianos, por no perder tiempo, por una borrasca é temporal que tuvieron, volvió al puerto una en que iba parte de la infantería italiana, algo mal tratada, é para repararla é hacerla partir con brevedad, hice que el dicho Don Berenguel se partiese con la infantería que tenía embarcada en sus galeras, dejándome á mí una de las suyas con otra que allí estaba del Príncipe Doria, con las cuales, dejando ya reparada la nave y á cargo del Príncipe Doria y el Embajador Figueroa que la mandase partir con el primer tiempo, me partí dos días después que el dicho D. Berenguel y llegué á Mecina algunos días antes quél, á primero de xbre., y después llegaron todas las dichas naves á salvamento sin haber disturbado á nada la dilación de su llegada.

6. Partió de Mecina el Duque con toda la armada á primero de noviembre, y no pudiendo pasar de Zaragoza por los contrarios tiempos, estuvo allí hasta primero de diciembre, que partió para Malta, donde llegaron todas las galeras, y las naves volvieron á Zaragoza; por la extremidad de los malos y contrarios vientos tardó muchos días en junctarse toda la armada y hubo grandes dificultades en ello, y en el medio que se junctaba, el gran Maestre y todos los pláticos de la costa de Berbería fueron de parescer que el armada, con el tiempo que partiese de allí, fuese al Seco del Palo, que es en la costa de África, en Trípol, y la isla de los Gelves, 85 ó 90 millas distancia de lo uno y de lo otro, y que los navíos que primero llegasen esperasen allí á los otros, y con esta resolución, con el primer tiempo, que fué á los 10 de hebrero, se hizo el armada á la vela y las naves siguieron su derrote al Seco, y las galeras fueron á los Gelves para hacer allí agua; donde allegaron fueron descubiertas dos naves turquescas surtas, la una adonde llaman la Cántara, y la otra junto á la Roqueta, y para tomarlas, algunas galeras se adelantaron, y entre ellas la Capitana de D. Sancho de Leyva, que llegó primero que nadie, y la una dellas la tomó sin haber hallado en ella persona ninguna, é aunque la nave se había entrado por una canal donde con mucha dificultad podía entrar galera ninguna, entró D. Sancho, porque llevaba consigo un Chuzamuza, cosario turco que él tenía preso, y era muy plático en aquella costa. Arrimándose la armada á ella, descubrimos dos bajeles de remos que estaban surtos en la Cántara, en parte donde les era imposible huir. Estaba Juan Andrea muy malo, y envióle el Duque á decir que ordenase á D. Sancho que fuese á tomar aquellos bajeles, que á lo que se podía juzgar parescían galeotas. No sé si le ordenó; pero sé que nadie fué á tomarlos, y que se supo que eran una galeota y una galera sotil, é que estos navíos fueron á Constantinopla, y en ellos Luchaly á pedir el socorro de Trípol y á dar la nueva de la allegada de nuestra armada; y si se tomaran, como se ordenó y fácilmente pudiera, no solamente el aviso le tuvieran tan brevemente en Constantinopla, de que tanto daño resultó, pero se supiera que estaba en la isla el Draguti y fuera posible, y aún no lo dudo que se tomara, y de su prisión nascía con muy poca dificultad la pérdida de Trípol y los Gelves, sin haber sucedido ninguno de los inconvenientes pasados.

6. Aquí escribe el Duque.—Y porque partiendo por el mes de noviembre á jornada que se había de ir por mar, habrá muchos, y no sin fundamento, que no les parezca buena determinación, es bien, para entender la verdad del todo, que se sepa que me movieron á partir las cosas siguientes. La primera, que la navegación era segura, porque de Mecina al puerto de Augusta hay 70 millas, el cual es capacísimo para recibir muy mayor armada. Del dicho puerto al de Zaragoza 30 millas, y desde Zaragoza á Malta 100, y de Malta á la Lampadosa 90, y de allí al Seco de los Gelves 170, y del Seco de los Gelves al Seco del Palo 50, que todos son puertos, y donde el armada se podía reparar, como se reparó, y aguardando tiempo en cada una destas partes para ir á la otra, no acaesce de ordinario en estas mares levantarse tan presto temporal que estorbe en tan poca distancia que no se tome puerto, como se hizo. También me movió á partir hallarme con casi 15.000 hombres de guerra en el reino de Sicilia y sin dineros para pagallos, de que tocaba una buena parte al Visorrey de Nápoles, pues si se despidieran sin pagas, se habían de alojar á discreción y fuera darles en prenda el reino, y esto es cosa tan nueva y recia para Sicilia, demás de la escabrosidad de la gente, que, certísimo, sucedieran grandes desórdenes y alborotos, como ya en tiempo de mis predecesores en este cargo acaesció diversas veces, especialmente cuando el motín de randazo, pues siendo tanto menos gente, fué desorden tan notable, que tal pudiera suceder de invernar tanta más y de diversas naciones, sino que en lugar de conquistar se destruyera la casa propia, como ya lo consideró D. Hugo de Moncada cuando tuvo alojados 15.000 españoles en la Fariñana, isla despoblada, aunque no se hizo de manera que Marsala no lo sienta hasta agora. Túvose atención á partir de Zaragoza á lo susodicho, y á que en Malta habría menos inconvenientes que en Sicilia se esperaban, porque la gente, no sólo estuviera fuera de la fertilidad de Sicilia, mas en una isla muy estéril, porque si cometieran alguna ruindad no podía dejar de salilles mal y de entregarse de hambre, pues teniendo por contrarios al Maestre y Caballeros, el Burgo y Castillos, juncto con las galeras y naves, y mi persona y gente principal que á la jornada iba, no podían meterse los soldados en parte en toda la isla que tuviesen de comer; y si partiéndose de allí en invierno no se pudiera llegar á Trípol por no haber puerto para nosotros, no sólo era de menos inconveniente invernar en Berbería con el ejército yendo tan bien proveído de vituallas, pero era mejor, por ser la región más sana y poderse hacer algo en los Gelves, como lo escrebí á S. M. antes que partiese de Zaragoza, ó en alguna otra parte, con que los soldados se entretuviesen y refrescasen, de más que se llevaba esperanza fundada en mucha razón, que los moros proveerían de vituallas frescas por dineros (como lo hicieron), á causa de la enemistad que tenían con Dragut, de que había mucha noticia, dejado aparte que es costumbre suya muy sabida, por su particular ganancia. Halléme obligado á esto, porque como se fué junctando la gente poco á poco y con muy gran esperanza de la que me habían de dar los Duques de Sessa y de Alcalá, había de ser cierta y presta como su Maj. mandaba, no hubo razón ni causa para que yo dejase de junctar la que á mí me tocaba, y hacer tan gran gasto como se hizo en esto y en la abundancia de vituallas y municiones que se llevaron, porque la infantería española de Lombardía se detuvo á causa de la muerte del Rey de Francia, como dice D. Alvaro de Sande, y del motín de Génova, y la de Nápoles, esperándola de hora en hora, tardó, de manera que habiendo de venir por orden de S. M. 2.500 hombres, no llegó el cumplimiento sobre los 600, poco más ó menos, que trujo D. Sancho en las galeras, hasta los últimos de diciembre que vinieron á Malta. Es así que se descubrieron las naves que dice D. Alvaro, y que la que saqueó D. Sancho de Leyva estaba metida por el canal una buena milla de donde dieron fondo las galeras, por no saberlo y tener por proa los secanos, donde invistieron algunas, y á D. Sancho le guió Chu Zamuza, arraez de una galeota que había tomado días había en la costa del reino de Nápoles, hombre muy plático de aquellos secanos, y así abordó la nave, que estaba sola, dejada de los moros, al cual siguió el Capitán Suero Feyjó con una galeota mía, y desde donde descubrieron dos galeras de turcos que se iban metiendo el canal adelante, cuanto más podían, hacia la Cántara, que quiere decir puente, por la cual se pasa de la isla á tierra firme; siéndole dicho á D. Sancho por el dicho Capitán Feyjó que se fuese tras aquellas galeras, no lo hizo, mas antes cortaron el cabo que tenía dado la galeota á la nave, y vino el dicho Capitán á la Capitana de Juan Andrea, donde yo estaba, y me dijo todo lo que había pasado. Estaba entonces Juan Andrea en la cámara de popa malo y en la cama, y hallándose en lo alto de la popa conmigo el patrón de la Capitana, Gasparín Doria, que era de quien más caudal hacía en el gobierno de las cosas de la mar, le dije y rogué, no una vez, sino muchas, que se entrase por aquellas galeras, á lo cual me respondió que para qué quería leñame, diciendo que la gente envestiría en tierra, y yo le dije que cuando así fuese sería muy bien quemarlas, porque cuando nosotros pasásemos á Trípol no podían dejar de salir á los navíos que venían atrás y hacernos daño en ello y en las vituallas que nos viniesen, cuanto más que podría ser tomarse alguna gente de la cual habríamos lengua de lo que en Berbería pasaba. Respondióme por última resolución que en ninguna manera convenía á la reputación de aquella armada que se entrase por leñame especialmente, que podría suceder algún peligro á alguna galera. Entonces le ofrescí que entrase mi galeota primero, descubriendo lo que había, y el canal, y no bastando esto, vista su pertinacia, envié á pedir á Juan Andrea con grandísima instancia, y con las mismas razones, que tuviese por bien de que se entrase por aquellos bajeles, y no le paresció; y como yo no llevaba mando ninguno sobre las cosas de la mar, como me desengañó bien en Mecina delante de D. Juan de Mendoza, y quizá por su consejo, hube de tener paciencia y por mejor lo que quería, que no porfiando con él ser causa de que sucediese algún disgusto y se volviese á Sicilia. Desde á poco vino D. Sancho de Leyva de saquear la nave, y subiendo á la galera de Juan Andrea le dije que cómo no había entrado tras las galeras, importando más tomar un bajel de remo que 50 naves, á lo cual me respondió que no era cosa de hablar en ello, porque era gran peligro, y que allí había estado el Príncipe Doria sobre Dragut y se le había salido con las galeras rastrando del otro cabo del puente ó Cántara, y le había dejado por escarnio en una torre que está allí y que teníamos á la vista, colgado un priapo de hombre, á lo cual yo le respondí que había muy gran diferencia de lo uno á lo otro, por la ventaja que había de todas las galeras de Dragut á aquellas dos sobre que habíamos amanescido con tal armada y á la imprevista y sin que pudiese haber defensa que estorbase la entrada, especialmente teniendo tan buen piloto como me había dicho que tenía en Chuza Muza, que le había guiado yendo en la proa de la galera hasta donde llegó. Finalmente, se resolvió en que no se entrase por las dichas galeras, las cuales, demás que fueron las que trujeron el armada del turco, estaban de manera que los turcos dellas no se acordaban de otra cosa sino de salvar sus personas á nado, y hubo muchos que entregaron su dinero á los cristianos que estaban á la cadena, como se ha sabido de hartos que han escapado y rescatado después acá, de los cuales se tomaba lengua, y tomada sitiábamos á Dragut en los Gelves y todas sus fuerzas, las cuales no podían salir en ninguna manera, ya que su persona saliera de noche en una barca, y se tomaban asimismo las dos galeras con más de 60 ó 70.000 escudos que tenía Dragut embarcados de la composición que había hecho en los Gelves aquellos días; y si quisiéramos saltar en tierra era de tener por muy cierta la victoria, por ser antes que nos faltase la mucha gente que se nos murió en el Seco del Palo, y porque la isla estaba mal con él, á lo menos la mitad della que se volviera en nuestro favor, y cuando quisiéramos pasar con aquella bonanza, que duró siete ú ocho días, le podíamos sitiar con tomalle la Cántara y las dos galeras y los más bajeles que hubiera por la costa alrededor de la isla, en un día, y dejar cuatro galeras de una parte y cuatro de otra, y irnos á Trípol y tomarlo sin muerte de un hombre, porque lo había dejado Dragut con solos 400 turcos poco más ó menos, viejos, cojos y mancos.

7. Sigue D. Álvaro de Sande.—Detuviéronse las galeras en saquear las naves casi todo lo que quedaba del día, y acordóse que el siguiente se fuese á hacer el agua de la Roqueta; y para asegurar á la gente que la había de hacer, el Duque sacó toda la infantería que iba en las galeras, y túvose la mayor parte del día una gruesa escaramuza con los moros de aquella parte, que son aficionados á turcos, y con más de 500 turcos á pie y á caballo que allí estaban con el Dragut, y á otro día sucedió por mala orden la desgracia á las ocho galeras que se habían quedado atrás.

8. El día siguiente las galeras partieron de allí é fuimos al Seco del Palo, donde hallamos algunas naves de las nuestras surtas, y fueron llegando de día en día las que faltaban, y las ocho galeras que arriba digo: así por la dilación de la llegada de las naves, como por ser los tiempos muy pésimos y contrarios, al Duque le fuerza estar allí muchos días, en los cuales, así porque la gente iba muy cansada y fatigada de la larga navegación y trabajo de aquel invierno, como por la mutación de los aires y ser las aguas muy suaves, se inficionó una enfermedad y pestilencia tan grande, que se echaban cada día gran cantidad de cuerpos á la mar; é visto esto, é que aún no habían llegado algunas naves en que iba infantería española é alemana é vituallas, é que el tiempo era contrario para ir á Trípol y las naves estaban con gran peligro de dar al través como había dado la nave Capitana, acordó el Duque de tomar parescer de todos los que éramos del Consejo, para que se viese lo que se había de hacer é mas convenía al servicio de V. M. é al bien de la empresa á que íbamos. Fué mi parecer é voto que dí que V. M. me había ordenado que fuese á servir en aquella empresa, é que estaba presto y aparejado para morir sirviendo en ella. Resolviéronse todos en que la empresa se hiciese, é que porque del estar allí nascía tanto daño, por la mortandad de la gente y la disminución de las vituallas, que con el primer tiempo, sin esperar las naves que faltaban, se partiese el armada; é que si el tiempo viniese contrario para poder ir á Trípol é bueno para volver á los Gelves, que por salir de allí se fuese á ellos, donde la gente podría desembarcar é refrescar é limpiar las naves, creyendo é teniendo por cierto que los moros de la isla eran amigos, porque en ella hay tres parcialidades: una amiga de turcos, y las dos enemigas; é porque éstas habían enviado á Sicilia á pedir ayuda para echarlos de la isla, y también porque sabíamos que el Dragut, después que tuvimos con él la escaramuza y entendió que íbamos á Trípol, se fué á meter en ella con todos sus turcos sin dejar ninguno en la isla, sino muy pocos en la guarnición del castillo, y que con el primer buen tiempo se embarcaría la gente é proseguiríamos nuestra jornada, y que asimismo recogeríamos allí las naves que faltaban y las vituallas que venían de Sicilia, y así con esta resolución y acuerdo pusieron todas las naves á pique para partir á donde el primer tiempo nos encaminase.