—Mr. Brownlow está en casa? —preguntó á la jóven que le abrió la puerta.
A tal pregunta ésta contestó del modo evasivo que tenia por costumbre: —No lo se. ¿De parte de quién venís?
No bien Mr. Bumble hubo pronunciado el nombre de Oliverio y esplicado él motivo de su visita, cuando la Señora Bedwin que escuchaba á la puerta de la sala se precipitó desalentada en el recibidor.
—Entrad! Entrad! —dijo —Estaba segura de que tendríamos noticias suyas! Pobre chico! Me lo decia el corazon! Querido niño! Siempre lo dije!
Esto diciendo la buena anciana volvió á entrar en la sala á toda prisa y sentándose en el sofá prorumpió en lágrimas, mientras que la criada menos sensible subió los escalones de cuatro en cuatro y volvió pronto para decir á Mr. Bumble que la siguiera. Le introdujo en el gabinete de estudio donde Mr. Brownlow y su amigo Grimwig estaban sentados á una mesa con una botella y dos vasos ante si.
—Un pertiguero! Un verdadero pertiguero de parroquia! Me comeria la cabeza que es un pertiguero! —esclamó este último.
—Os ruego querido amigo que no nos interrumpais por algunos momentos. —dijo Mr. Brownlow. Y dirijiéndose á Bumble añadió —Caballero tened la bondad de sentaros!
Mr. Bumble se sentó muy preocupado por la originalidad de los modales de Mr. Grimwig, Mr. Brownlow colocó la lámpara de modo que pudiera ver mejor al pertiguero y dijo con alguna impaciencia.
—Supongo que el motivo de vuestra venida, ha sido el artículo que he hecho insertar en el periódico?
—Si señor. —respondió Bumble.