—Con el objeto de...?

—Si, si; todo está arreglado. —interrumpió Sikes sin darle tiempo de concluir la frase —No os inquieteis por los detalles. Cuidad solo de traerme el niño mañana por la noche. Yo dejaré á Lóndres una hora antes de amanecer. A vos os toca guardar silencio, tener el crisol listo, y nada mas.

Despues de una breve discusion quedó convenido que Nancy que antes habia tomado el partido de Oliverio, se encargaria de traerle al lado de Sikes y que éste luego de empezada la obra, tendria pleno poder sobre él. Salvo la reserva á Tobias Crachit de apoyar las resoluciones del susodicho Sikes.

Arreglados de este modo los preliminares, éste se coló algunos vasos de aguardiente, se puso á blandir la alza-prima de un modo espantoso y cantó ó mas bien berreó algunas estrofas, acompañadas de horribles imprecaciones. Luego, en un exceso de entusiasmo por su carrera fué á buscar la caja de sus chismes que colocó sobre la mesa y abrió para esplicar la naturaleza y uso de cada uno de los objetos que estaban encerrados en ella. Apenas habia abierto la cobertera cuando cayó pesadamente con ella al suelo y en seguida se durmió.

—Buenas noches! —dijo el judío metiéndose el redingote.

—Buenas noches! —contestó Nancy.

El viejo al pasar dió un puntapié al borracho en tanto que Nancy estaba vuelta de espaldas y bajó la escalera á tientas.

—Siempre lo mismo. —murmuró entre dientes cuando estuvo solo en la calle —Lo malo en las mugeres es, que un nada basta para resucitar en ellas los recuerdos del pasado y lo bueno que no duran. Ha! ha! El hombre contra el niño por un talego de oro!

Embebido en estas lisongeras reflecsiones, Fagin regresó á su morada sombría, en la que el Camastron velaba esperando con impaciencia su vuelta.

—Oliverio está acostado? Tengo que hablarle. —dijo bajando la escalera.