—Pueda que si, querido! —repuso el judío con una espantosa mueca —Para mi; si bien os place Guillermo.
—Y porque ese mal polluelo os ocupa tanto por si solo —dijo el otro, con tono huraño —cuando no ignorais, que hay una infinidad que picotean cada noche por los alrededores de Covent Garden [4] y entre los cuales podriais escojer?
—Porque me son del todo inútiles. —replicó Fagin con algun embarazo —No merecen que se ocupe uno de ellos. Cuando se han hecho pinchar su fisonomía les acusa y yo los pierdo todos. Con ese niño si fuera bien dirijido, haria lo que no podria hacer nunca con veinte de los otros. Además —continuó reponiéndose de su turbacion —nos conviene que sea absolutamente de los nuestros sin mirar el modo de lograrlo. Lo que deseo es llevarle á picotear con las hurracas. Y vale mas que sea esto así que no vernos obligados á deshacernos de él, lo que no dejaria de ser peligroso para nosotros, sin contar la pérdida que podria reportarnos.
—Cuándo será el negocio? —preguntó Nancy conteniendo una esclamacion, que iba á escapársele á Sikes fuertemente disgustado de las pretensiones humanitarias de Fagin.
—En efecto cuando se llevará á cabo Guillermo? —añadió el judío.
—Estoy convenido con Tobias para pasado mañana, si de aquí á entonces no le doy contra órden. —contestó Sikes con ademan sombrio.
—Bueno. —dijo el judío —No habrá luna.
—No —repuso Sikes.
—Y habeis tomado vuestras medidas para llevaros la hucha. ¿no es cierto?
Sikes hizo una señal de cabeza afirmativa.