—Qué quereis decir? —preguntó Sikes.
—Es el muchacho que os conviene, querido! —contestó el judío con aire de misterio poniendo el dedo sobre su nariz y haciendo un visage horrible.
—El! —esclamó Sikes.
—Tómalo Guillermo. —dijo Nancy —Yo si fuera que tú lo tomaria. Pueda que no sea tan listo como los otros; pero que le importa si no hay mas que abrirte una puerta? Es un niño con el que puedes contar, te lo aseguro Guillermo.
—Tiene razon. —repuso Fagin —Desde hace algunas semanas está en muy buen camino; ya es hora de que empieze á hacerse útil, aun que no sea mas que para ganarse el pan que come. Además los otros son demasiado gordos.
—A la verdad, tiene justamente la talla que me conviene. —dijo Sikes despues de un momento de reflecsion.
—Y hará todo lo que vos querais amigo mio. —replicó el judío —No podrá menos... es decir si la amedrentais un tan lo.
—Amedrentarle! —esclamó Sikes —No, no será un miedo falso, podeis creerlo. Si tiene la desgracia de hacerme jugarretas una vez estará en la tarea, no volvereis á verle vivo Fagin. Pensadlo sériamente antes de enviármelo! —añadió el bandido levantando una enorme alza-prima que sacó de debajo su lecho.
—He pensado en todo esto. —dijo el otro con fuerza —Le he velado de cerca amigos mios de muy cerca! Qué comprenda en una buena ocasion que es uno de los nuestros! Que tenga la certeza de haber sido ladron y nos pertenece por toda la vida! Ah! ah! no podia ofrecerse mejor ocasion! —Esto diciendo el viejo cruzó sus brazos sobre su pecho, hundió su cabeza dentro sus espaldas y dió un grito de alegria.
—Para nosotros? —dijo Sikes —Para vos quereis decir!