Oliverio se ruborizó involuntariamente, á la idea de que el viejo encubridor habia adivinado su pensamiento. Con todo respondió con bastante seguridad que si.

—Qué piensas que vas á hacer? —preguntó el otro previniendo la cuestion.

—Señor! En verdad no lo se. —respondió Oliverio.

—Ba! —hizo el otro volviéndose para ocultar su contrariedad —Espera entonces que Guillermo te lo diga.

El judío pareció muy embarazado de que el niño no demostrase mayor deseo de saber mas. El hecho es que este hubiera querido saber á que se le destinaba; pero turbado como estaba por la mirada escuadriñadora del judío y por sus propios pensamientos, le fué imposible hacer ninguna pregunta tocante á este punto. Por lo demás ya no se ofreció otra ocasion, porque el judío permaneció sombrio y silencioso hasta la noche en que se dispuso para salir.

—Podrás encender esta vela. —dijo Fagin poniendo una sobre la mesa. —Y aquí tienes un libro para divertirte leyendo, hasta que vengan á buscarte. Vaya, buenas noches!

—Buenas noches señor! —contestó dulcemente Oliverio.

Mientras se dirijia á la puerta, el judío se volvió varias veces para mirar al jóven Twist y parándose de improviso lo llamó por su nombre.

Oliverio alzó la cabeza y á una señal de aquel encendió la vela. Al poner el candelera sobre la mesa reparó que desde el estremo obscuro del aposento el viejo le miraba fijamente y frunciendo las cejas.

—Cuidado, Oliverio! Cuidado! —dijo agitando la mano con ademan doctoral. —Es un mal vicho que á nada atiende cuando se le ha pisado la cola! Suceda lo que suceda nada digas y haz todo lo que te mande! Piénsalo bien!