El Escanciador asestó en la cabeza del muchacho un golpe con su cuchara de barro, lo cojió por el cogote y llamó al pertiguero á grandes voces.
Los Administradores estaban reunidos en gran conclave, cuando Mr. Bumble se precipitó fuera de si en la sala del consejo.
—Señor Limbkins! —dijo dirijiéndose al caballero gurdo que ocupaba la silla de la presidencia. —Perdon, si os interrumpo! Señor Limbkins, Oliverio ha pedido mas puches!
Un murmullo general se levantó en la asamblea; una expresion de horror se pintó en todos los semblantes.
—Ha pedido mas? —dijo Mr. Limbkins. —Calmaos Bumble, y respondedme claramente.
—Quereis decir que ha pedido mas despues de haber comido la racion que la regla de esta casa le señala?
—Si Señor! —replicó Bumble.
—No cabe duda! Ese niño algun dia colgará de una horca. —dijo otro hombre mas gordo y con chaleco blanco.
Nadie contestó á la profecía del orador. Se empeñó un vivo debate por resultado del cual se condenó á Oliverio á ser encerrado al momento, y á la mañana siguiente se fijó en el exterior de la puerta de la casa un anúncio en el que se prometían cinco libras esterlinas de recompensa al que desembarazara la parroquia del jóven Oliverio Twist ó en otros términos, se ofrecian cinco libras esterlinas con Oliverio Twist, á cualquiera (hombre ó mujer) que tuviese necesidad de un aprendiz para el comercio los negocios, ó todo otro oficio y estado fuera el que fuera.
—En mi vida estuve mas cierto de una cosa. —dijo á la mañana siguiente el hombre del chaleco blanco recorriendo con la vista el anúncio y llamando á la puerta de la casa de la caridad. —En mi vida estuve mas cierto de una cosa y es que ese niño algun dia colgará de una horca.