—Allí! —dijo Monks señalando la pared con el dedo —Una sombra! una sombra! He visto la sombra de una muger, con chal y sombrero, pasar á lo largo de la pared con la rapidez del rayo!
El judío se soltó de su compañero y ambos se lanzaron fuera del aposento.
La vela, casi del todo consumida por la corriente del aire, estaba en el mismo sitio y les mostró la soledad profunda de la escalera así como tambien la horrible palidez de sus semblantes. Pusieron el oido atento; pero reinaba en toda la casa el mayor silencio.
—Ha sido una ilusion querido! Os habeis engañado sin duda alguna! —dijo el judío tomando la vela y volviéndose á su compañero.
—Juraria que la he visto! —contestó Monks temblando de piés á cabeza —Estaba inclinada cuando la he visto y luego que he tablado ha desaparecido.
El judío lanzó una mirada de desprecio sobre el rostro lívido de su compañero y habiéndole dicho que podia seguirle si era de su gusto, subieron hasta el cabo de la escalera. Registraron todos los aposentos: ellos estaban helados y vacíos. Bajaron al pasadizo y de allí á los subterráneos: pero todo permanecia tranquilo como la muerte.
—Estais ya convencido? —dijo el judío cuando volvieron al pasadizo. Escepto nosotros, no hay alma viviente en la casa á no ser Tobias y los muchachos... y estos están en seguridad... como veis!
Y para prueba de lo que decia el judío sacó de su faltriquera, las llaves y esplicó como al bajar por la primera vez á la cocina, habia encerrado á sus jóvenes pupilos para impedir que no perturbasen su conversacion.
Esta nueva prueba destruyó enteramente la conviccion en el alma de Monks; sus protestas habian ido perdiendo insensiblemente su energía á medida que sus pesquisas, se iban haciendo del todo infructuosas y acabó por reirse de sí mismo y por convenir en que ello no podia haber sido otra cosa que un delirio de su imaginacion.