—He hecho todo lo que he podido para no alarmaros! —dijo Rosa —Pero creo que realmente estoy enferma.

Lo estaba en efecto, pues cuando trajeron luz notaron que estaba pálida como la muerte. La espresion de su fisonomía nada habia perdido de su belleza; pero con todo estaba cambiada y habia en sus facciones tan dulces y tan regulares algo de estraviado que no se habia visto antes de entonces. En un momento, su rostro se volvió purpúreo y sus hermosos ojos azules se cubrieron de una nube. Al cabo de pocos minutos estaba lívida hasta dar miedo.

Oliverio que durante todo este tiempo habia observado á la señora Maylie con la atencion mas asídua, notó que estos síntomas estraños la habian alarmado y él mismo quedó aterrorizado. Pero viendo que ella procuraba ocultar su turbacion afectando un aspecto tranquilo; hizo otro tanto la misma Rosa al ir á acostarse á instancia de su tia, se mostró mas alegre y pareció encontrarse mucho mejor. Les aseguró su certitud de levantarse á la mañana siguiente en perfecta salud.

—Creo que no hay nada de serio ¿no es cierto Señora? —dijo Oliverio cuando la Señora Maylie volvió á entrar en el salon. —Parece que la Señorita no se encuentra muy bien esta tarde; pero...

La buena señora le hizo señal de que no hablára y sentándose en un rincon permaneció silenciosa durante algun tiempo. Al fin dijo con voz trémula.

—Espero que no será nada, Oliverio. He sido muy feliz con ella por espacio de algunos años! Demasiado feliz tal vez; y podria ser que me sucediese alguna desgracia! No, que quiera decir que este sea el caso.

—Qué desgracia señora? —preguntó Oliverio.

—La de perder esa niña querida que por tanto tiempo ha sido mí alegria... mi dicha! —dijo aquella con voz entrecortada.

—Dios no lo permita! —esclamó vivamente Oliverio.

—Hágase su santa voluntad? —repuso la señora torciéndose las manos.